Silencio, oración, cactus y lápices de colores. Jumilla
“Los tiempos han estado muy compensados; ni me he aburrido, ni me he estresado”. Lo decía Rocío S. B., profesora de nuestro colegio de La Inmaculada de Cartagena, que participaba por primera vez en un Encuentro de Oración, junto a otros cuatro “novatos” y quince personas más con mayor o menor veteranía, y se ha desarrollado del 23 al 25 de octubre. El título era “Silencio y Oración”, y a eso es a lo que nos hemos dedicado en este entorno privilegiado para la meditación que es el convento, huerto y bosque de Santa Ana del Monte. La primera charla, con pasajes bíblicos y textos de místicos carmelitas y franciscanos, nos llevó, literalmente, del desierto a jardín del Amado, y unas pequeñas macetas con cactus nos sirvieron de inspiración. Por la tarde, siguiendo a pies juntillas el Catecismo de la Iglesia Católica, nos fuimos deteniendo en las fuentes, el camino, los maestros y los lugares de la oración cristiana. Al oscurecer nos reunimos en la capilla del noviciado para una serena oración meditativa, con cantos, lecturas y silencios apropiados. La jornada se cerró con un compartir fraterno muy rico y participativo. El domingo lo llenó la eucaristía, celebrada con mucha unción y luz en la capilla de la Trinidad, construida en 1602 y con un simbolismo arquitectónico precioso: es completamente circular y posee un altar central en forma de triángulo. Nos preparamos para la celebración con otro intenso momento de oración personal, ayudados por unos simples folios y lápices de colores para que, cada uno, escribiera su propia oración al Señor.
Una vez más, el Señor ha estado grande con nosotros y frailes y seglares nos hemos dedicado “a lo que por encima de todo debemos anhelar: tener el espíritu del Señor y su santa operación, y orar continuamente al Señor con un corazón puro” (RB 10, 8-9) como nuestro Seráfico Padre San Francisco nos mandó.
La fraternidad de Jumilla
