Ven, come, y ofrécete en la mesa de los pobres:
«“Preparará el Señor para todos los pueblos un festín… El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros”.
Escucho al profeta y miro a Cristo Jesús. Escucho la palabra de la promesa -la palabra del profeta- y acojo el evangelio de la gracia -la palabra de Jesús-.
Escucho, contemplo y gozo, pues todo se me ha dado en este Hijo, en este Dios pobre, que viene del cielo para ser, en la mesa de los pobres, vida en abundancia, vida eterna.
Considera, hermano mío, el abismo que separa promesa y evangelio. Vuelve a escuchar la palabra del profeta: “Preparará el Señor para todos los pueblos un festín… El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros”. Pudieras pensar que se nos promete más de lo que se nos ha dado, pero la fe te permite intuir que se nos ha dado mucho más de lo que la promesa pudiera sugerir.
El pan de este banquete ha bajado del cielo, y con ese pan llegan a tu vida y se quedan en ella la gracia, los dones del Espíritu, la alegría, la luz, la salvación, el perdón, la paz. Con ese pan que ha bajado del cielo, y que es medicina de Dios, verás lágrimas enjugadas, enfermos curados, esclavos redimidos, pecadores perdonados.
Tú también te has sentado a la mesa de este banquete: hoy, el alimento que necesitas, se te ofrece en la Eucaristía que celebras. El que quiso hacerse evangelio para los pobres en la mesa de la Encarnación, se hace evangelio para ti en la mesa de la Eucaristía.
Ven, come, y ofrécete en la mesa de los pobres. Ven, come, para ser tú también, con Cristo, alimento ofrecido, y mano con la que Dios enjuga hoy las lágrimas de los que sufren.»
Necesito su mano, padre, su palabra, el evangelio de Jesús en su palabra...para no apartarme del evangelio.»
Esto me devuelve a la liturgia del domingo: “Preparará el Señor para todos los pueblos un festín… El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros”. No es cosa para epulones sino para lázaros; no es cosa para malos pastores, sino para ovejas de las que el Señor ha querido ser el buen pastor. No es cosa para prioridades nacionales, sino para bondad y misericordia. No es cosas para satisfechos y distraídos, sino para pobres con esperanza.
No se sentarán a la mesa aquellos que fueron invitados, pero tenían más que hacer que hacerle caso al Jesús de Dios, al Dios de Jesús… No se sentarán a la mesa aquellos que fueron invitados, pero tenían más que hacer que cuidar de Jesús en los inmigrantes que llegaron a Ceuta, en los que llevan años exponiendo sus vidas en los caminos de la inmigración clandestina, en los millones -miles de millones- de cristos que mueren de hambre mientras los epulones banqueteamos ajenos, no sólo a la suerte de los lázaros, sino también a nuestra propia suerte…
No comulgues este domingo, si tu comunión no es con Cristo pobre, si tu comunión no es con los pobres en Cristo.
