Septiembre 28
Un día llamó el bienaventurado Francisco a sus compañeros y les dijo: “Vosotros sabéis que la señora Jacoba de Settesoli fue siempre y es muy fiel a nuestra Religión y devota de la misma. Creo que, si le informáis de mi estado, esto será para ella una delicadeza y un gran consuelo. Decidle en especial que os envíe, para una túnica, un paño monástico de color ceniza como el que fabrican los cistercienses en los países de ultramar; que os envíe también aquel manjar que tantas veces me preparaba cuando estuve en Roma”. Los romanos llamaban a este pastel “mostaccioli”, y se hace con almendras, miel y otros ingredientes.
(LP 8)
Escrita la carta, conforme al deseo del santo Padre, un hermano andaba en busca de otro que pudiese llevarla, cuando de pronto llaman a la puerta. Acude un hermano a abrirla, y se encuentra con la señora Jacoba, que había venido de prisa desde Roma.
Y la señora Jacoba dijo:” Hermanos, estando en oración, oí en mi interior una voz que me dijo: “Marcha y visita a tu Padre, el bienaventurado Francisco; apresúrate y no pierdas un instante, pue, si tardas, no le hallarás vivo. Debes llevar tal calidad de paño, para hacerle una túnica y lo necesario para hacerle tal manjar. Toma también para las velas gran cantidad de cera, e igualmente de incienso”.














