Septiembre 29
A medida que se agravaba la enfermedad, iba languideciendo la fuerza corporal; y, carente ya de energías, no podía moverse en forma alguna. A un hermano que le preguntó si toleraba más a gusto esta larga y continua enfermedad que un violento martirio de mano de un verdugo cualquiera, le respondió: “Hijo mío, para mi lo más querido, lo más dulce, lo más grato, ha sido siempre , y ahora lo es, que se haga en mí y de mí lo que sea más del agrado de Dios. Sólo deseo estar en todo de acuerdo con su voluntad y obedecer a ella. Pero el sufrir tan solo tres días esta enfermedad me resulta más duro que cualquier martirio . Lo digo no en atención al premio, sino a las molestias que trae consigo”.
(1C 107)














