Octubre 30
Yendo en cierta ocasión de predicación por una provincia el bienaventurado Francisco, se encontró con un hombre muy pobre. Ante el espectáculo de tanta pobreza, dijo a su compañero: “La pobreza de este hombre nos avergüenza y nos reprocha nuestra pobreza”. “¿Cómo hermano?”, preguntó el compañero. “Es para mí –dijo él- una gran vergüenza el encuentro con uno que es más pobre que yo. He escogido la santa pobreza para hacerla mi señora, mis delicias, mi tesoro espiritual y temporal. Sepa todo el mundo que he hecho profesión de pobreza ante Dios y los hombres. Por eso, debo sentir vergüenza cuando hallo otro más pobre que yo”.
(LP 113)














