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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Fiesta de Santa Teresa


15 octubre 2025

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (11,25-30)
En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo: 
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. 
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. 
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera». 
Palabra del Señor.


Hoy celebra la Iglesia la santidad de santa Teresa de Ávila o de Jesús como a ella le gustaba llamarse.  Todo el espíritu caballeresco de Castilla anida en esta mujer, soñadora de utopias, que a los 18 años ingresa sin convicción en un Carmelo en plena decadencia, donde experimenta una reforma interior tan profunda que le lleva hasta las cumbres de la experiencia mística. En contacto íntimo con Cristo, sirvió a la Iglesia de su tiempo lacerada por la reforma protestante.  Mas tarde con 45 años de edad, se dedica a reformar los Carmelos, recorriendo España sin tregua ni descanso y superando todos los obstáculos que salen al paso. Declarando en su lecho de muerte que era "hija de la Iglesia", entró en la gloria el 4 de octubre de 1582 en Alba de Tormes.
La vida de santa Teresa, nos recuerda una vez mas, que la vida de fe es adherirse a Jesús, es hacer de Él la norma de nuestra vida. 
Teresa se encuentra entre los sencillos y humildes que han encontrado los secretos del reino adentrándose en el mismo corazón de Jesucristo, del que recibe siempre alivio y consuelo.
Que Jesús se convierta en la norma de tu vida, como hizo santa Teresa, es una cuestión absolutamente personal, una decisión que solo pertenece a mi. Ninguna iglesia, ningún dogma, ninguna piadosa aseveración, ninguna profesión de fe, ningún testimonio que venga de otro, puede imponerme ni arrancarme una respuesta, una decisión. Esta decisión se toma, en último término, con toda libertad, sin instancias intermedias entre Él y cada uno de nosotros. 
Nuestra fe, en su última instancia, se parece al amor y se transforma en amor.
¡Paz y Bien!


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