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Solemnidad de Nuestra Señora de los Ángeles en Valencia


03 Agosto 2026
Solemnidad de Nuestra Señora de los Ángeles en Valencia

El perdón de Asís… para los incendios forestales de cada uno.

Con tres entusiastas “¡Viva San Francisco!” coreados por todos los fieles concluyó la celebración del “Perdón de Asís” en el corazón del barrio de Ruzafa el pasado 2 de agosto, solemnidad de Nuestra Señora de los Ángeles, en el convento bajo esta misma advocación.

Ni el calor, ni la altísima humedad que está haciendo de este verano un tiempo difícilmente soportable en Valencia, fueron obstáculo para que una nutrida presencia de devotos acudiera a ganar la indulgencia plenaria al convento. Y también,  agradecer al buen padre Dios  aquella santa audacia que inspiró a Francisco, hace ahora 810 años, el 2 de agosto de 1216, de pedir al mismísimo Jesucristo, cuando se le apareció con su Santísima Madre en la Porciúncula,  nada menos que “llevar  a todos al Paraíso”.

Precisamente, sobrecogió escuchar para iniciar la misa, a modo de pregón, la detallada lectura por fray José Luis Coll, guardián de la fraternidad franciscana, de aquella visión del Poverello de Asís  y de su reunión posterior a ella con el papa Honorio III al que le pidió, siguiendo las indicaciones de Nuestro Señor, que aprobara esa indulgencia plenaria.  

Impresionaba escuchar la lectura de ese relato también porque se proclamaba a los pies justamente de la imagen central que preside el convento y que recoge, de hecho, ese mismo instante de la visión, cuando Francisco de Asís mendiga a Jesucristo,  con la intercesión de la Santísima Virgen, el perdón y remisión de todos los pecados a todos los que acudieran cada 2 de agosto en Asís  a la ermita de la Porciúncula –y hoy ya a todas las iglesias franciscanas en el mundo-. Por cierto que ese mismo conjunto escultórico en el convento, obra de José María Ponsoda, ha visto mejorada su iluminación para la fiesta.

Así que, el pasado 2 de agosto, antes de la misa en Nuestra Señora de los Ángeles y, cumpliendo con las condiciones para obtener esa indulgencia, sacerdotes franciscanos administraron el sacramento de la Reconciliación a todos los que lo deseaban en tres lugares del templo.

La Solemne misa concelebrada por Fray José Vicente Castells y Fray Antonio Soriano fue presidida por fray Sebastián López Talavera, que a sus 97 años se mantiene lleno de vigor y entusiasmo. En su homilía,  trajo a colación la tragedia de los mega incendios forestales que acabamos de sufrir en España para trazar un paralelismo muy gráfico. “Hemos visto en la televisión  estos días cómo esos incendios, después de apagadas las llamas, dejaban un aspecto desolador, triste, ceniciento… pues así está muchas veces nuestra alma después de que cometemos un pecado. Nos arrepentimos y pedimos perdón en el sacramento de la penitencia, y lo recibimos, pero las consecuencias del pecado ha dejado su huella, sus heridas, sus llagas en el corazón:  soberbia, agresividad, indiferencia, superficialidad, vanidad, egoísmo…. ¿Qué  hacer? Justamente, lo que San Francisco nos vuelve a ofrecer hoy, cada año,  a través de la Iglesia, con la indulgencia de la Porciúncula: acudir arrepentidos y aprovechar esta indulgencia plenaria para volver a tener el corazón como Jesús, lleno de amor, entrega, generosidad, comprensión…. y sentir como nunca el abrazo misericordioso del Padre, lleno de ternura”.

La misa estuvo acompañada al órgano por el P. Miguel Ángel Bondía de la vecina colegiata de San Bartolomé y San Miguel Arcángel, de donde acudieron también numerosos feligreses para obtener el Perdón de Asís.

Con su música y con la voz solista de fray Bernardino, volvió a resonar en el templo ese hermosísimo canto franciscano de “Rosas de sangre han florecido, reviven en tu cuerpo la pasión, Francisco de amor estás herido, las manos, los pies y el corazón”. Y al final, el himno a Nuestra Señora de los Ángeles. “Hoy quiero cantarte, Señora de los Ángeles, reina soberana, Madre celestial. Yo soy una alondra que ha puesto en ti su nido, viendo tu hermosura te reza su cantar: Luz de la mañana, María, templo y cuna, mar de toda gracias, fuego, nieve y flor: Puerta siempre abierta. Rosa sin espinas, yo te doy mi vida. Soy tu trovador”.

Concluida la misa, la fraternidad franciscana ofreció a todos los participantes una refrescante horchata con fartóns en el claustro del convento, que sirvió también para desearnos lo mejor para el descanso estival. En el centro del claustro, mirando al cielo con una sonrisa, estaba la imagen del santo de Asís cuya audacia hace 810 años seguía haciéndose hoy realidad: “quiero llevaros a todos al Paraíso”.

Luis Agudo Crespo 

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