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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Entrar por la puerta estrecha


24 Agosto 2025

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (13,22-30)
En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?» 
Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos"; y él os replicará: "No sé quiénes sois." Entonces comenzaréis a decir. "Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas." Pero él os replicará: "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados." Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, lsaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»
Palabra del Señor

No es bueno quedarse en los números; cuando importa mucho el número como medida del éxito, detrás hay mucha superficialidad, poca vida interior, por eso Jesús no responde a esta inmadura curiosidad,  sino que desvía su atención hacia puntos más trascendentes. Dejando claro que las reglas del juego para conseguir enfilar la puerta estrecha las dicta Él. Solamente Él. 
Jesús prefiere desviar muestra atención hacia otras cosas que estima mucho más importante: el esfuerzo. "Esforzaos -nos dice- en entrar por la puerta estrecha". No importa, parece decirnos, el resultado final: eso no es cosa vuestra. Lo que importa es que os pongáis en marcha, que andéis el camino, que bebáis el cáliz. 


Si nuestra Iglesia, todavía hoy, percibimos una tendencia a preocuparnos demasiado por el número, bien nos vendría escuchar esta delicada insinuación de Jesús. Sería mejor desviar el punto de mira -de fieles y pastores- hacia metas menos expuesta al peligro de la vanidad y de los criterios mundano, a la par que mucho más importante. Poner todo nuestro empeño en andar el camino, por duro que sea; en enfilar la puerta, por estrecha que resulte.
¡Qué gran pedagogo es Dios! Sabe muy bien herir y vendar la herida. Hay una carga enorme de amor hasta en sus amenazas:" Aceptad la corrección; porque Dios nos trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrigen a sus hijos?" No cabe duda, Dios es un Padre que ama.
Dejémonos pues de preguntas inútiles. No demos crédito a cualquiera que, a falta de una respuesta de Jesús, ande queriendo vendernos la mercancía averiada de una respuesta inventada por él. Lo nuestro,  ahora, es andar el camino. Un día, cuando tengamos otros ojos, veremos. 
¡Feliz Domingo!
¡Paz y Bien¡


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