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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Fiesta de los Estigmas de San Francisco


17 septiembre 2024

Lectura del santo evangelio según san Lucas (7,11-17)
En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.
Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.»
Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!»
El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.» La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.
Palabra del Señor

Dios no puede abandonar a la muerte al hombre del que siente lástima. La misericordia de Dios es la otra cara de su poder creador: Dios ama, y su amor es vida, renacimiento, resurrección, salvación, gracia, novedad. 
Dios nos quiere levantado, Él frena todo cortejo de muerte, no consentirá que el joven vea la corrupción. 
Este episodio nos interpela a todos los que seguimos a Jesús y todavía pesa en nosotros el miedo y el poder de la muerte:   ¿Estás en el coro de los pesimistas, de los que sólo lloran y no hacen nada por cambiar esa realidad, o por el contrario, te encuentras en el cortejo de la vida, de los que siguen a Jesús , Señor de la vida? 

Hoy celebramos la familia franciscana justamente los 800 años del don que San Francisco recibió de la impresión de las llagas. Desde su conversión, el Seráfico Padre veneró con grandísima devoción a Cristo crucificado. Hasta su muerte no cesó, con su vida y su palabra, de predicar al Crucificado. En 1224, dos años antes de su muerte, mientras estaba sumido en contemplación divina en el monte Alvernia, el Señor Jesús imprimió en su cuerpo los estigmas de su pasión. Era tal su identificación con Cristo que deseaba sentir en su propia carne el mismo dolor que sufrió Cristo en la cruz y el Señor se lo concedió. ¿Llegaremos nosotros tan lejos en el seguimiento de Cristo pobre y crucificado? 
¡Paz y Bien!


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