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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Cargar con la cruz


03 septiembre 2023

Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,21-27):
En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. 
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.» 
Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas corno los hombres, no como Dios.» 
Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»
Palabra del Señor

Quien piense que a los cristianos nos gusta la Cruz, está muy equivocado. Ni nos gusta, ni nos puedes gustar, porque la Cruz, en si misma, no es buena, ni mucho menos apetitosa. A Jesús tampoco le gustó hasta el punto de que aceptarla le costó sudores de sangre.

La Cruz está tan presente en la vida de Cristo, que ésta nunca podría comprenderse sin aquella. No fue un mero accidente, como un trágico final inesperado. Jesús "tenía que ir a Jerusalén, y padecer allí mucho", la Cruz formaba parte, inseparablemente, del plan salvador del Padre: ese era el tipo de Messias que Dios había proyectado para la redención del mundo.

Tampoco a nosotros nos gusta la Cruz. Nos gustaría, como Pedro, barrerla del panorama de la Iglesia, que todo fuera laureles, popularidad arrolladora y conversiones en masa. Eliminarla de la vida cristiana: quitar de ella todo lo que significa esfuerzo y lucha, compromiso, conflicto o fracaso. 

Quitar del mensaje de Jesús todo lo que pincha, lo que choca con los gustos de la mayoría, lo que acarrea problemas con los poderosos. Quitarle sus llamadas a despojarnos de comodidades, enchufes y privilegios, su constante invitación a vivir la pobreza y a comprometernos con el difícil mundo de los marginados, los drogadictos, los delincuentes....

Jesús nos reprocha como a Pedro: "¡Quítate de mi vista, Satanás, tú piensas como los hombres, no como Dios!" Para Jesús, Pedro es ahora el tentador que quiere apartarlo del camino, de su único camino: cumplir a pie juntillas la voluntad del Padre.

Y no es que deba  gustarnos la Cruz, ni al propio Jesús le gustó a la suya. Pero sí que deberíamos, como Jesús, ir dando pasos que nos llevara, poco a poco, no solo a soportarla, sino también a asumirla. La Cruz y la muerte solo se pueden aceptar, y hasta abrazar, como expresión suprema del amor. Ser cristiano solo puede comprenderse desde el amor. Esto de cargar con la Cruz, de dar la vida con una sonrisa, de compartir los bienes con los más necesitados, de renunciar a toda clase de seguridades, solo puede entenderse desde un corazón lleno, desde la inmensa alegría de haber encontrado el tesoro del Reino de Dios. Así, y solo así, se puede descifrar el difícil lenguaje de Jesús: perder la vida para ganarla, repartir los bienes para tener un tesoro, enterrarse en cualquier surco del mundo para que la muerte sea fuente de vida.

Nada de esto tendría sentido, si no fuera por ese Jesús clavado en la cruz, muerto... y resucitado, al que seguimos. 

¡Feliz Domingo! 

¡Paz y Bien!


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