Vivir es servir
Evangelio según san Lucas (4,38-44)
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles. Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando.
De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.»
Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese.
Pero él les dijo: «También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado.»
Y predicaba en las sinagogas de Judea.
Palabra del Señor
Iniciamos el mes de septiembre, un mes en el que retomamos después de las vacaciones el ritmo cotidiano de nuestras vidas.
Hay que volver a retomar las “herramientas” del trabajo, del esfuerzo, de la entrega para seguir construyendo un mundo mejor. Y tenemos que impedir que la inercia, la rutina, el hacer por hacer, arruinen el fruto de nuestro trabajo.
Y nos viene como anillo al dedo el evangelio de este primer día del mes de septiembre, donde se presenta Jesús curando, un Jesús que libera de la fiebres a la suegra de Pedro. Puede parecer una enfermedad insignificante, pero en la antigüedad la fiebre representaba al Maligno pues volvía a la persona débil e inerte y la incapacitaba para servir.
Por eso cuando la suegra de Pedro se siente curada lo que hace es ponerse a servir.
Esta curación nos revela cuál es el fin de la vida de todo Cristiano: SERVIR.
Así es, el verdadero encuentro con Cristo, la relación con Él, inevitablemente hace que cambie nuestra vida, a veces tan pendiente solo de lo que nos pasa, sentimos o sufrimos, y dé un giro de 180 grados y nos pongamos a servir.
La salud espiritual se nota en tu entrega, en tu capacidad de estar atento a las necesidades de los demás. ¿Lo estás?
¡Paz y Bien!
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