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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

¿Así oramos nosotros?


12 Febrero 2015

san Marcos (7,24-30)

 En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa, procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies.

La mujer era griega, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: «Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos.» Pero ella replicó: «Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños.» Él le contestó: «Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija.» Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

¡Cuánta fe ha encontrado Jesús en los hombres y no solo en el pueblo judio, sino también entre los paganos. La escena de hoy es para no perder detalle pues nos indica la actitud que hay que tener ante Dios. Esta mujer se gana el corazón de Dios porque pide con humildad, porque se inclina a los pies de Jesús, bien sabia ella quién era Jesús y le pide la curación no para ella sino para su hija. !Las madres, Dios mío! !Cuánta entrega y generosidad! ¿Qué no haría una madre por su hija? Y presenciamos un diálogo entre Jesús, que es reacio a la curación: "no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos" y la mujer que no se rinde ante la primera negativa de Jesús sino que vuelve una y otra vez a insistir. Si Jesús se lo hubiera concedido desde el primer momento, nos hubiéramos perdido este maravilloso diálogo de fe, sin duda, inspirado por el Espíritu de Dios en boca de esta mujer:"también los perrillos, debajo de la mesa, comen las migajas de los niños". Es decir: yo, Señor no me merezco nada pero si tú quieres, solo me conformo con lo que no quiera nadie, con las sobras de tu amor y misericordia. Esta es la verdadera oración de intercesión. Estamos ante una mujer verdaderamente creyente y orante. Que persevera en su petición y a la que Dios termina ensalzando "por haber hablado así", es decir, con una plena confianza en Él. Al final, la curación de su hija es un hecho pero lo que el evangelista pone a nuestra consideración no es solo la curación, sino, sobre todo, en qué consiste la verdadera oración de intercesión. ¿Así oramos nosotros? Deja que el ejemplo de esta mujer pagana te acompañe en esta jornada y aprende de ella a 'saber estar' y 'a saber decir' ante el mismo Dios. ¡Paz y Bien!


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