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  • Cada día con Francisco de Asís

Abril 4

Testigos presenciales de esos acontecimientos, dos varones de aquella ciudad, visitados e inspirados por la gracia divina, se presentaron humildemente al bienaventurado Francisco. Uno de ellos fue el hermano Bernardo, y el otro, el hermano Pedro. Ambos sencillamente le declararon: «Queremos vivir contigo en adelante y conformar nuestra vida con la tuya. Dinos, pues, lo que hemos de hacer con nuestros bienes». Él se regocijó mucho de su venida y propósito y les respondió con bondad: «Vayamos y pidamos consejo al Señor». Fueron, pues, a cierta iglesia de la ciudad de Asís, entraron, se arrodillaron y humildemente rezaron así: «Señor Dios, Padre glorioso, te rogamos que por tu clemencia nos manifiestes lo que hemos de hacer». Y, terminada su oración, pidieron al sacerdote allí presente: «Señor, déjanos ver el evangelio de nuestro Señor Jesucristo». El sacerdote abrió el libro, pues ellos no sabían todavía manejarlo debidamente. Y en el acto dieron con el texto en que está escrito: Si quieres ser perfecto, ve y vende cuanto tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Al consultar otra vez el libro, toparon con el texto: Quien quiere venir en pos de mí, etc. Por último, se les presentó éste: No toméis nada para el camino. Al oírlos experimentaron inmensa alegría y exclamaron: «¡Ahí está lo que anhelábamos! ¡Ahí está lo que buscábamos!» Y el bienaventurado Francisco agregó: Esta será nuestra Regla. Luego mandó a sus dos compañeros: «Id y cumplid el consejo del Señor tal como lo oísteis».

(AP 10-11)

V/ En alabanza de Cristo y su siervo Francisco.
R/ Amén.

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