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  • Cada día con Francisco de Asís

Enero 21

Cuando volvían a verse, rebosaban de tanta jovialidad y júbilo espiritual, que para nada se acordaban de las adversidades y pobreza extrema que padecían.
Todos los días se dedicaban a la oración y al trabajo manual para ahuyentar hasta la sombra de la ociosidad, enemiga del alma. Por las noches, con igual solicitud, se levantaban a media noche, según la palabra del profeta: A media noche me levantaba para celebrarte, y rezaban con mucha devoción y a menudo con lágrimas.
Se querían mutuamente con amor entrañable; mutuamente se servían y se preocupaban los unos de los otros, como una madre sirve a su hijo y se cuida de él. Tan ardiente resultaba en ellos el fuego de la caridad, que les parecía cosa fácil entregar la propia persona no sólo por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, sino también unos por otros. Y lo hacían gustosos.

(AP 25)

V/ En alabanza de Cristo y su siervo Francisco.
R/ Amén.

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