¡Hola, Dios Uno y Trino!
¡Hola, Padre, Hijo y Espíritu Santo!
Somos, Señor, tu pueblo, y caminamos en un terrible desierto. Yo no sé pesar el dolor de los pobres, no sé hasta donde alcanza la angustia de los derrotados, no sé contar las lágrimas de los que lloran. Sólo sé que ellos están conmigo, en mi oración, en la oración de tu Iglesia, en la oración de tus hijos, en la oración de tu Hijo, cuando te digo: «camina conmigo», «perdona mis culpas», «acéptame como heredad tuya».
Yo no sé, mi Señor, de qué manera tu compasión y tu misericordia envuelven a tantos hijos tuyos que son víctimas de la indiferencia, del egoísmo, del resentimiento, del odio, de la guerra, del terror, del hambre… Sólo sé que esas víctimas son carne de mi carne, cuerpo de tu cuerpo que es la Iglesia, terror añadido, que no sustraído, al terror de tu único Hijo crucificado, y sigo repitiendo con ellas y por ellas: «camina conmigo», «perdona mis culpas», «acéptame como heredad tuya».
Hoy, a todos tus hijos que peregrinan en el desierto, también a los que ya caminan por las cañadas oscuras de la muerte, a todos quiero traer a nuestra celebración, con todos quiero decirte Señor: «camina con nosotros», «perdona nuestras culpas», «acéptanos como heredad tuya»; con todos quiero entrar en este misterio de gracia que es la comunión de tus hijos con tu Hijo, de tus pobres con tu Pobre, de nuestra muerte con tu Vida.
Sólo en esta comunión se me hace menos oscuro el dolor y siento invencible la esperanza. Sólo si veo a tus pobres en comunión con tu Hijo, alcanzo a verlos acogidos en tu misericordia, en tu compasión, en tu clemencia, en tu lealtad, en tu luz, en tu gloria, en tu amor, en tu dicha, en Ti, mi Dios y Señor.
Entonces se abre camino desde el corazón a los labios la bendición a tu nombre santo y glorioso. Es el canto de tus fieles, reunidos hoy en asamblea santa; es el canto de tu Hijo, el crucificado revestido de gloria y de poder por la fuerza del Espíritu; es el canto de tus pobres, con quienes en Cristo has caminado, a quienes por Cristo has perdonado, a quienes en Cristo has tomado como heredad tuya y te has dado en heredad.
A ti, Padre nuestro, con Cristo tu Hijo, en la unidad del Espíritu Santo, gloria y alabanza por los siglos.
Bitácoras
