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En el amor Dios te espera. Oración del Domingo VI TO


14 Febrero 2026

¡Hola, mi amigo Jesús! 
Y te confieso que se me llena la boca, y mi corazón se regocija llamándote así, sintiéndome así, sabiéndote así.
Te lo digo y presumo de ello: Jesús, el de Dios y de María, el vencedor de la muerte, el que de amar lo sabe todo, es mi amigo. Él me dice todo lo que sabe del Padre y yo le digo todo lo que voy sabiendo de mí. Y nos entendemos tan bien… Y esa confianza exagerada que tienes en mí, me asombra tanto tanto...
En el evangelio de hoy me dices que no jure nunca, que diga sí cuando es sí y no cuando es no. Y no juro, pero digo que tu evangelio de hoy me sacude de fondo y me invita a hacerme preguntas que me perturban y que me pueden cambiar el rumbo en algunas cosas.
Tú sabes bien que la ley y yo nunca hemos sido muy amigos, pero lo
que no tengo tan claro es si es el amor el que me gobierna o si son más bien mis ideas de lo acertado lo que orienta mi proceder y mi comportamiento.
¿No lo tengo tan claro o sí lo tengo tan claro?
¿Cuántas veces este ego mío exagerado va por delante del amor?
¿Cuántas veces en lo que hago o dejo de hacer estoy buscando algo para mí y no para el otro, y busco mi gloria y no la gloria del Padre, el único que se la merece toda? 
Lo bueno es que, en la medida que me voy conociendo, me voy haciendo más comprensivo con los fallos de los demás. Al final, les pasa lo mismo que me pasa a mí. Sería terrible que los juzgara.
Jesús, tú diste el salto de la ley al Amor, porque la ley es correcta, pero se queda corta. Sólo el Amor es la plenitud de la ley y de todo. Tú invitas a tus discípulos a que no se arrastren por la ley pensando hasta dónde pueden llegar sin pecar. Tú invitación es mejor: que nos preguntemos más bien: “Hasta dónde puedo amar”. Nos invitas a que “levantemos el corazón” al Dios Amor, y que ahí nos emborrachemos del Amor que es más fuerte que todo egoísmo y más fuerte que la muerte. Y, borrachos como cubas, ir a la vida y amar todo y a todos, bebiendo en directo de las fuentes de la alegría.
Sé, amigo Jesús, que éste es el deseo del Padre, tu deseo y lo que el Espíritu quiere hacer en nosotros. Por eso, te pido hoy que me deje hacer, como el barro en las manos del alfarero; o como María, que no dijo: “voy a hacer lo que Dios me dice” sino “que se haga en mí lo que Dios quiere”. Señor, que nos dejemos hacer por el Espíritu.