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“SAL Y LUZ” Oración del V Domingo TO.


07 Febrero 2026

¡Hola, Jesús!

¡Hola, amigo saleroso!

¿No crees que hoy te has pasado con eso de “ustedes son la sal de la tierra… ustedes son la luz del mundo”…? Y más me asombro cuando te he sentido mirándome a la cara y diciéndome: Tú eres sal de la tierra; tú eres luz del mundo.

     Que se lo digas a los buenos, me parece normal. También yo los siento así. Pero que me lo digas a mí… 

Luego pienso que, cuando se lo dijiste a tus discípulos en el monte, sabías bien a quien se lo decías y sabías de sus debilidades y sus ambiciones. Y se lo dijiste. ¿También ellos se sintieron abrumados como yo me siento, al escucharlo de tu boca? 

Me pasa lo mismo cuando oigo al Padre llamarme “hijo”. Cuando te oigo llamarme “amigo”, cuando me dices: “toma y come, esto es mi cuerpo…”; me parece que eso no va conmigo, que yo no soy ése a quien el Padre mira con tanta ternura, ése por quien te jugaste la vida amando hasta el extremo. Y luego me digo: pero si me lo está diciendo en directo, si está hablando conmigo…

Se ve claro: no término de creerme lo grande que el Padre me ha hecho, lo grande que tú me ves. Soy hijo, hijo de Dios; de Dios…Soy sal, soy luz. Y tu Espíritu me mueve a dar sabor a la vida de otros, a ser un dedo que te señale, a alumbrar tantas sombras que nos envuelven y que no nos dejan ver la verdad de fondo de todo. Pero ahora viene lo gordo.

Vale, me lo creo. ¿Y ahora qué hago? Teóricamente lo tengo claro: vivir como tú, que eres el Hijo bueno, que has dado sabor y has alumbrado tantas vidas. Pero yo, en el día a día de mis días, en las circunstancias concretas en las que me muevo, con la gente con la que estoy, ¿cómo hacerlo?, ¿cómo sazonar sus vidas?, ¿cómo alumbrar sus sombras? No lo sé. Quizás tenga, Jesús, que abandonar mi deseo de saberlo y controlarlo todo. Quizás tenga que crecer en la confianza de que el Espíritu me lleva de la mano sin que yo sepa cómo y a dónde (que ya reconozco el orgullo de creerme el bueno, el acertado).

Jesús, amigo, hermano, compañero en la aventura de vivir. Tú me haces sal. Y yo no sé cómo vivir eso. Ayúdame a vivir saleroso y a salar la vida de mis hermanos. Y líbrame de perder el sabor. Tú me haces luz. Ayúdame a ver mis fondos oscuros. Que sepa ver la vida y el mañana a tu luz. Y que nunca esconda la luz que soy.