¡Hola, amigo Jesús!
Me dicen que comenzamos el tiempo de Adviento…, me dicen que ya vienes... Ya sé que tu venida siempre es sorpresa, porque vienes cuando no te espero y por otro camino o de otra forma distinta a como yo te estoy esperando. Y me puedo perder el gustazo de encontrarme contigo, y no quisiera perderme ese “encuentro”. Y no quiero quedarme sin brindar contigo por Dios, por la vida, por el mundo nuevo, de hermanos, que traes. Por eso, quiero tomarme muy en serio tu invitación a estar vigilante, en abrir los ojos como platos para que no te me escapes. Cualquier momento es bueno, cualquier momento puede ser el oportuno. Incluso en los momentos más triviales, más repetidos, “menos oportunos”, tú puedes tocar en la puerta de mi vida pidiendo acogida.
¡Ven, Jesús, cuando quieras!
¡Ven, amigo, como quieras!
Ya sabes nuestra manía de esperarte portentosamente, vestido de poder y de lujo... Y tú siempre rompiendo esquemas. Te esperaban en el templo y te hiciste presente en una cueva de las afueras de Belén. Te esperaban poderoso y te hiciste presente en un niño indefenso. Te esperaban arrimado a los grandes y no te encontraron, porque estabas con los pequeños y los necesitados. Y te miro después a ti, y te veo compartiendo la suerte de los pobres, de los fracasados, de los excluidos, de los migrantes...
Es tu manera de abrirles camino: vencer la exclusión, la injusticia, vencer a la muerte. Vencerla en ti y ofrecerla como regalo. Y nosotros tener claro: “lo que hagamos con ellos, lo hacemos contigo”.
Perdona, Señor, no te esperábamos en una patera... Es que tienes unas maneras de llamar a la puerta…
Ven, Jesús, y trae contigo la ventolera de tu Espíritu, para que abra un boquete en nuestro corazón frío y duro.
Ven, Amigo, trae contigo la Luz que nos ayude a vernos y a verte allí donde has querido estar.
Ven, Señor, y enséñanos y ayúdanos a sabernos en las buenas manos del Padre y confiar como María, tu madre bendita.
Ven, Hermano, y ayúdanos a soñar con un mundo nuevo, y construir hermandad…, fraternidad entre los hijos de nuestro Padre.
¡Ven pronto Señor!
¡Marana tha! ¡Ven, Señor, Jesús!
Yo soy la Raíz y el Hijo de David,
la Estrella radiante de la mañana.
El Espíritu y la Esposa dicen: "¡Ven, Señor!"
Quien lo oiga, diga: "¡Ven, Señor!"
Quien tenga sed, que venga; quien lo desee,
que tome el don del agua de la vida.
Sí, yo vengo pronto.
¡Amén! ¡Ven, Señor, Jesús!
Bitácoras