Skip to main content

Gaza crucificada y Jesús crucificado: Una mirada a los dos


04 Agosto 2025

Hola Hermanos, llevo un tiempo, sobre todo unos días en Cocentania (Alicante), contemplando la vidriera y la pintura del titular del Convento Franciscano: San Sebastián, mártir…, su cuerpo traspasado por flechas… el martirio al que fue sometido, y contemplo esas imágenes y como que el corazón se ha hecho más sensible a todo tipo de situación, que son como flechas que se clavan en el cuerpo, en el corazón…, y pienso ante la prensa, los medios televisivos y radiofónico en la situación mundial, y sobre todo por Gaza; sin olvidar otros muchos lugares y poblaciones del mundo donde están en situación parecida, pero de las que la prensa ni siquiera se hace eco.

Por los comentarios sencillos que cada domingo me realizáis a mi carta dominical “¡Hola Jesús!” que ustedes mandan con pocas palabras, que hacen que estamos en la misma onda, en la misma línea y en la misma preocupación...

Y llevo días dándole vueltas en el corazón y queriendo sentarme a escribir para compartir con ustedes algo de lo que pienso sobre el asunto. Es una situación sumamente grave y compleja que pone en jaque nuestra calidad humana y que sacude fuertemente nuestra fe poniéndonos delante preguntas duras sobre nosotros, sobre la humanidad y sobre Dios. La situación nos desafía a saber mirar el problema con fe, y mantener la confianza en que Dios está haciendo lo que Él sabe que tiene que hacer, aunque nosotros no lo entendamos. Lo que estoy haciendo y lo que les invito a hacer es poner frente a frente a la gente de Gaza y a Jesús crucificado.

Gaza y los gazatíes están crucificados.

Y Jesús está crucificado en ellos y con ellos, que son su cuerpo (ya toda la humanidad es cuerpo de Cristo porque él se hizo carne en toda carne).

Israel y el pueblo árabe reconocen que son descendientes de Abraham. Israel de Isaac y el pueblo árabe de Ismael. O sea, que esto es una guerra entre hermanos. Aquella es la tierra que Dios le prometió a Abraham y a su descendencia. Son, por tanto, herederos de la misma tierra. Aquí está pasando lo mismo que pasó con Caín que mató a su hermano Abel.

Lo mismo que pasó con Jacob, que robó con malas artes la bendición y la herencia de su hermano Esaú.

A Jesús lo crucificaron “fuera de la ciudad” en un lugar llamado “La Calavera”, que en hebreo se dice Gólgota. Parece un nombre apropiado para Gaza donde la muerte campea a sus anchas.

FRENTE A LOS GAZATÍES Y FRENTE A JESÚS CRUCIFICADO.

  • Queremos mirar a uno y a otros; y asombra ver lo parecido de los comportamientos humanos ante ellos.
  • Están muy satisfechos en sus palacios los responsables de las muertes: Anás, Pilato, Netanyahu, Trump y los grupos judíos extremistas, mientras Jesús muere en la cruz o los gazatíes en Gaza.
  • Están frotándose las manos los que se beneficiarán de esta catástrofe porque van a acabar con Jesús que les molesta y con los gazatíes, de cuyas tierras quieren adueñarse. Ya tienen sus planes.
  • Están los ejecutores de la orden de matar, que la cumplen escrupulosamente y se reparten el botín de los que han de morir, como dice el evangelio que se repartieron las ropas de Jesús.
  • Está el centurión romano que “viendo cómo moría Jesús dijo: este hombre es realmente hijo de Dios”. Y están los médicos y enfermeros, miembros de ONG, que se están jugando la vida por ayudar, aunque sea acercándole a Jesús y a los gazatíes una caña empapada en vinagre para “suavizar el dolor”.
  • Están, dice el Evangelio, “los que asisten al espectáculo”, indiferentes ante el sufrimiento de Jesús y de los gazatíes. “Nos queda lejos esa tragedia, se dicen; nosotros estamos bien”.
  • Están los amigos (pocos) que “miran de lejos”, porque no los dejan acercarse, y que sienten la tragedia de Jesús como su propia tragedia, les duele, los desconcierta...

Creo que muchos de nosotros estamos en este grupo: desconcertados, heridos, asombrados de tanta inhumanidad, impotentes, haciéndonos muchas preguntas…

¿Nunca habías estado en el Calvario? ¿Dudabas que el Evangelio con su carga de amor y de gozo, de trabajo por los demás, con amigos y enemigos, con cobardes y traidores, con injusticia y muerte está sucediendo delante de nuestras narices y en medio de nosotros? ¿Nunca te habías asomado al horror de la muerte de los inocentes?

¿Nunca habías visto de verdad a Jesús crucificado sino en imágenes?

¿Nunca habías tenido la oportunidad de preguntarte qué papel juegas tú en este calvario en vivo que sucede a tu lado con personas concretas?

¿Nunca te había asaltado la pregunta de Jesús: ¡Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?!

¿Nunca te habías visto obligado a preguntarte: creo en Dios porque lo entiendo o creo en Dios porque se ha ganado mi confianza, aún sin entender nada de nada?

Y, en este Calvario, está también María, la Madre, la que confía.

Ella sabe que Dios es fiel a su misericordia. Que los caminos de Dios no son nuestros caminos. Que Dios ve el fondo de la realidad y ve nuestro mañana. Ella está rota total, pero de pie junto a la cruz de su Hijo.

Ella, como Abraham, sabe que Dios puede resucitar a los muertos para cumplir sus promesas. Ella escucha a su Hijo: “Padre, en tus manos pongo mi vida” y se abandona. Y ella lo sigue en ese mismo gesto de abandono: en tus manos, Padre, pongo a mi Hijo, pongo esta tragedia.

María está rota, pero confía. María no entiende, pero confía.

Y se abandona al Misterio insondable del Amor de Abbá.

Qué misterio el de la libertad humana.

Dios nos ha hecho libres y capaces de decirle “NO”. Podemos destruir lo que él construye. Podemos decidir clavarlo en una cruz. Y él nos respeta y va a la cruz.

Y AL TERCER DÍA… (esto ya es Esperanza de la buena)

  • Dice San Lucas (capítulo 24) hablando de los discípulos que, decepcionados por lo que ha pasado con Jesús, se vuelven a Emaús: Jesús, entonces, les dijo:
  • ¡Qué lentos son ustedes para comprender y cuánto les cuesta creer lo dicho por los profetas!
  • ¿No tenía que sufrir el Mesías todo esto antes de ser glorificado?
  • Y, empezando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó cada uno de los pasajes de las Escrituras que se referían a él.
  • Y los cobardes que huyeron, ahora dicen que el fracasado es triunfador, que el que murió ahora vive en plenitud, “que lo han visto y tocado”, que “les dio muchas pruebas de que estaba vivo”. Tomás metió sus dedos y su mano en las llagas (Jesús resucitado mantiene las llagas. Las llagas que mantiene, ¿serán las llagas nuestras?)
  • San Pablo no quiere predicar otra cosa sino a Cristo crucificado, fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1ª corintios 1, 23…)

¿Qué fuerza y qué sabiduría de Dios está escondida en la cruz de Jesús y en nuestras cruces? No lo sé, pero quiero confiar.

¿Es así como Dios va a construir el Reino de vida y de gloria para sus hijos? No lo sé, pero quiero confiar.

¿Así tiene que ser con nosotros? No lo sé, pero quiero confiar en Dios que ve más y ama más.

¡Y cuidadín, cuidadín!: No estoy diciendo que hay que resignarse pasivamente a lo que sucede. El mandato de Jesús es que amemos haciendo el bien a quien podamos, que demos de comer al hambriento, agua al sediento, acogida al emigrante…

...Y mientras hacemos lo que podemos, jugándonos el tipo o lo que sea, por sembrar paz y bien, mantengamos en pie la esperanza en Dios, esperanza que no se apoya en lo que vemos sino en la fidelidad de Dios que se merece nuestra confianza total. ¡Construye un mundo nuevo a tu alrededor, pero ya, no lo dejes para mañana! Dios está contigo.

No sé qué se traerá Dios entre manos mientras suceden estas locuras y estos disparates... No sé, pero quiero confiar, decido confiar en Dios, en Jesús, en el Espíritu de Dios que se mueve por todo el mundo.

Y si alguien te pregunta: ¿Dónde está Dios? Dile que está crucificado en Gaza, fuera de las murallas de Jerusalén. Está en la cruz de al lado.

Y ¡¡Ánimo!! La maldad humana no detendrá la salvación de Dios.