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Oración del Domingo XVIII


02 Agosto 2025

¡Hola, amigo Jesús! 
La semana pasada te pedía con insistencia: ¡Jesús, enséñame a ponerme delante del Padre como te pones tú! Esta semana lo he seguido intentando, y ahí voy. 
Hoy, Jesús, hago míos los sentimientos del profeta Isaías cuando delante de Dios dice: “soy un hombre de labios impuros que habito en un pueblo de labios impuros”. 
Escuchando la parábola que nos dices hoy y escuchando a Dios decirle al rico acaparador y egoísta “eres un bobo y un insensato”, siento la tentación de mirar sólo a los demás y pensar que son bobos e insensatos. Ver cómo consumen su vida por conseguir lo que, cuando menos lo esperen, tendrán que dejar. 
Asombra ver tantas muertes, tanto sufrimiento producido por esa locura inhumana e irracional de la ambición de unos pocos. Pero luego, siendo sincero, porque quiero ser sincero, termino mirándome a mí mismo y también me descubro egoísta y acaparador. Me descubro en mi burbuja de bienestar, sordo o medio sordo, paralizado o medio paralizado ante tantas necesidades de cuerpo y de alma de muchos hermanos. También yo “soy un hombre de labios impuros en medio de un pueblo de labios impuros”. La palabra “tonto o bobo”, que pones en boca de Dios, me sacude fuertemente. Me obliga a revisar mi pensar, mi sentir, mi hacer. Puedo ser un inconsciente tranquilo, un tonto honorable, un egoísta que, además, se cree “cristiano”. Pero a pesar de mis limitaciones y mis tonterías/boberías quiero seguirte, ser de los tuyos, ver la vida como la ves tú y acertar en la vida. De verdad que quiero. 
Ya sabes que el aire que respiramos desde que nacimos, está contaminado de individualismo el egoísmo... Lo hemos respirado y nos parecen “lo normal” y lo bueno... 
Ya ves que no pensamos por nosotros mismos. Todo nos lo dan pensado y decidido. Señor, nos han convertido en robots que consumen. 
Ya nos ves contentos y acomodados a este sistema tan injusto, lejos de lo que Dios quiere, porque el Reino de Dios es el otro mundo. 
Al final han conseguido hacernos esclavos que se creen libres. ¡Menos mal que te tengo a ti! ¡Qué bueno que seas mi amigo y me hables claro, que me despiertes, que me llames a algo mejor! 
Señor me encanta verte pasar por la vida siempre haciendo el bien. Jesús mío, ayúdame a seguirte por este camino de liberación, de alegría, de Paz y Bien.