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CORPUS CHRISTI


21 Junio 2025

¡Hola!, amigo Jesús.

Me pregunto si te sientes cómodo entre tanto oro y tanta plata que te ponemos. Yo sé que tú te lo mereces todo, todo, todo…pero todo. Te mereces nuestra vida y nuestra muerte. Te mereces nuestra fidelidad y nuestro amor total. Te mereces todo el oro del mundo. Pero, ¿Te sientes cómodo ahí?

Desde Belén hasta la cruz te vemos siempre sencillo, humilde, pobre, obediente... Dijiste que “no tenías dónde reclinar tu cabeza”, y nos pides a tus discípulos la pobreza que nos ahorra agobios y nos hace libres. Criticaste con dureza la acumulación de bienes y nos invitas siempre a compartir, a dar y darnos a los hermanos, porque solo así seremos Fraternidad, Iglesia...

Creo que los adornos que te gustan son el amor y la justicia, la sencillez y la acogida, la unidad... Me da que los otros adornos te huelen a podrido, a falsedad... Qué fácilmente decimos que nos amaste hasta dar la vida, que tu muerte fue por nosotros. Tantos crucifijos que tenemos nos lo recuerdan permanentemente, pero cuánto nos cuesta entrar en tu mundo de sentimientos. ¡Cuántas misas vacías de amor y entrega! ¡Cuántas misas vacías de los motivos que te llevaron a entregarte! ¡Qué lejos estamos tus discípulos de ti que eres el Maestro!

Ay, ¡cuándo aprenderemos tu lección principal! Cuando nos dices: “tomad, comed y bebed” no nos das algo que te sobra. Tú eres el pan que nos das, en ese pan vienes todo tú, partido. Tu vida no te sobra. Es tu tesoro y nos lo entregas. Me parece que es ese amor y esa entrega la que tenemos que vivir, que es eso lo que tenemos que hacer en memoria tuya.

Recordando tu entrega, entregarnos; recordando tu amor, amar más; viéndote hecho pan, hacernos pan para que los demás vivan. Si el rito que hacemos no nos ayuda a esto, creo que lo estamos adulterando. Y te recibimos y te tragamos en la comunión. ¿Qué quieres alimentar en nosotros? ¿A quiénes tenemos que tragar cuando te tragamos? ¡Cuánto nos cuesta tragar a los que nos incomodan, a los antipáticos y a los que piensan distinto! ¡Cuánto nos cuesta querernos y aceptarnos!

Que no caigamos en la trampa de separarte de los demás, porque, ¿quién no viene contigo cuando tú vienes?

En la Cena dijiste a tus discípulos: “Uno que está comiendo conmigo me va a entregar”. Y todos van preguntando ¿Acaso soy yo, Señor? Te confieso que esa pregunta me duele en lo más hondo. Yo siempre tiendo a pensar que los malos, los equivocados son los otros. Y esa pregunta me invita a ser valiente y a preguntarte: ¿Soy yo el que no te tomo en serio? ¿Soy yo el que se avergüenza de ti y no presumo de tu amistad? ¿Soy yo el que comulgo y luego no hago? ¿Soy yo el que te amo en el sagrario y no te amo en los pobres? ¿Soy yo el que guardo rencores y distancias? ¿Soy yo, Señor?

Ayúdanos a verte, a alimentarnos, y a ser coherente, y a amar como Tú.