Si en un tiempo pasado reciente nos hubieran dicho que el símbolo litúrgico fundamental es la asamblea reunida en el nombre del Señor, nos habríamos quedado de piedras y no hubiéramos entendido nada. Muchos recordarán que congregarse para “oír misa” –como en antaño se decía– o para cualquier otro “oficio religioso” era en el fondo una coincidencia física irrelevante, mera consecuencia de atenerse todos al horario establecido. “Oír la misa” era algo privado. Por eso, cada uno tenía su propio libro de oraciones o devocionario, y los más “modernos” su “misalito”. Estos libros ayudaban a “seguir la misa” con oraciones apropiadas a cada momento de la celebración, normalmente referidas a la pasión y muerte de Jesús.
1. Símbolo de la comunidad de salvación
Desde que la constitución conciliar sobre la liturgia afirmó solemnemente, a la luz de la palabra de Dios, que la asamblea litúrgica manifiesta el misterio de Cristo y la genuina naturaleza de la Iglesia (cf. SC 2), es posible afirmar que “la Iglesia, mientras celebra la propia fe y crece en la caridad, recogida en oración en el acto litúrgico, se contempla a sí misma en la dimensión más profunda y verdadera de su misterio. Al igual que las realidades que trata, la Iglesia descubre y se reconoce a sí misma como sacramento-signo del amor que anuncia y de la salvación que ofrece, y comprende que, como todo signo y sacramento, también ella puede revelar o esconder, puede dar o quitar, según su misterio”.
Cuántas veces, al hablar de los símbolos litúrgicos, se imaginan cosas que sin duda tienen su importancia, olvidando el símbolo fundamental que es la asamblea reunida, en cuyo seno adquieren o pierden sentido los demás símbolos. Por ejemplo: ¿qué fuerza puede tener el símbolo de la fracción del pan en una asamblea donde nadie comulga el cuerpo de Cristo? ¿Qué signo constituye un coro, aunque sea espléndido, en el contexto de una asamblea muda? ¿Qué mensaje puede transmitir la celebración en una asamblea distraída o ocupada en miles de afanes, como sucede por desgracia en muchas misas de primeras comuniones, bodas o inauguraciones del curso académico? ¿Qué símbolos pascuales de gozosa salvación pueden brotar de una asamblea festiva de pocas personas desperdigadas por bancos vacíos? Sin el adecuado signo de la asamblea cualquier otro símbolo puede perder su valor.
Justamente por esto, antes de abordar cada uno de los ritos, los objetos para el culto, los adornos y los cánticos, nos ocuparemos del símbolo fundamental que es la asamblea.
Bitácoras
