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Caminar juntos: procesión litúrgica


27 May 2025

La liturgia es anuncio de la salvación, pero es también comunicación concreta de dicha salvación. Por eso la liturgia no se sirve en primer lugar del medio oral, de las palabras, sino del símbolo. Usa signos que evocan el misterio y lo hacen pregustar, como recuerdan tantas “oraciones después de la comunión” de la misa. No se puede olvidar esta dimensión fundamental, pues, se puede caer en sobrevalorar lo secundario y olvidar lo esencial; se puede hacer una hermosa “ceremonia” espectacular que satisface a los ojos pero deja vacío el corazón; se pueden decir muchas palabras y no comunicar nada.

No todas las procesiones expresan el misterio cristiano

Hay elementos simbólicos que, desde una visión abstracta, esencialista y jurídica de la liturgia, se descuidan e infravaloran sin razón. Uno de ellos es el caminar juntos, o sea, la procesión.

Cuando se habla de procesiones pensamos inmediatamente en las procesiones con imágenes de la Virgen María o de los santos. Procesiones que en realidad no siempre constituyen un adecuado y claro símbolo del misterio cristiano, sobre todo porque se mezclan en ellas variados y oscuros elementos folclóricos. Por eso, para comprender y valorar el símbolo, no podemos partir de estas manifestaciones tardías –desarrolladas especialmente en el último periodo de la Edad Media y todavía más en estos últimos siglos–.

Debemos tener en cuenta, en cambio, aquellas procesiones litúrgicas más antiguas –algunas descritas ya a finales del siglo IV por la peregrina Egeria, en Jerusalén– y que todavía se mantienen en nuestra liturgia, aunque muchas veces resultan bastante ridículas. Son en especial la procesión del 2 de febrero (presentación de Jesús en el templo) y la de los ramos (entrada de Jesús en Jerusalén). Las dos celebran la toma de posesión del templo y de la ciudad santa por el Mesías. La primera procesión casi ha desaparecido y ha sido sustituida por una simple bendición de las candelas que, además, suelen ser veneradas con gestos poco adecuados. La segunda procesión también queda reducida muchas veces al mínimo, sustituida por la simple bendición y distribución (¡o incluso venta!) de los ramos de olivo o palmera. A pesar de todo, estas dos procesiones antiquísimas procesiones nos permiten entender y redescubrir en toda su riqueza cristiana el valor del símbolo de caminar juntos.

Hay que destacar el hecho de que estas dos procesiones –al contrario de lo que ocurre en otras procesiones devocionales– los ministros ordenados caminan al frente, justo detrás de la cruz. Esto indica ya un origen y un alcance simbólico totalmente distinto: se trata de expresar el camino de la Iglesia del nuevo pueblo de Dios, hacia el nuevo templo y la nueva Jerusalén, siguiendo las huellas de Cristo, nuevo Moisés.

Estas dos procesiones antiguas salgan de un lugar y terminen en otro distinto. Se trata de simbolizar de forma clara que el camino de nuestra vida no es un estéril vagar por el vacío, el círculo vicioso del eterno retorno, sino de un éxodo hacia los nuevos cielos y la nueva tierra de los que la iglesia donde termina la procesión es signo visible.