El símbolo para comunicar aquello que no se puede decir solo con palabras
Los modos de comunicar, son distintos y son tanto más ricos cuanto más consiguen prescindir de las palabras. No sin motivo se puede afirmar que el amor es el camino más alto de conocimiento: el que ama conoce a Dios.
Por esto el lenguaje litúrgico, el diálogo sacramental entre Dios y el hombre, es fundamentalmente simbólico. Con frecuencia, con el término “símbolo” nos referimos a cualquier signo. Pero en verdad el símbolo es algo más, y más preciso, que aquello que la filología presenta como nacido en la antigua Grecia.
El término “símbolo”, en efecto, deriva del verbo griego sym-ballo (poner con, junto a). El símbolo se distingue de la simple metáfora, de la alegoría y de cualquier otro medio de comunicación, porque no se orienta a dar una simple y precisa información –como, por ejemplo, una señal de tráfico–, ni se limita a recordar una historia o un acontecimiento ya conocido –como la metáfora y la alegoría–. El símbolo va mucho más allá: recoge una serie inagotable de sentidos que no pueden ser transmitidos en su totalidad a la mente como una simple información, pero que pueden ser comunicados al corazón y esto solo por medio de una experiencia. Por eso el objeto o el gesto simbólico no puede ser simplemente convencional, arbitrario, sino que debe contener lo que se quiere comunicar, que sea, al menos parcialmente, comprensible por todos.
Por ejemplo, el agua, independientemente de las palabras que pueden ser pronunciadas sobre ella durante una celebración, con clara referencia a la historia de la salvación, contiene ya en sí misma un mensaje de muerte y de vida. De la misma manera, el fuego, el comer y beber juntos, el cantar juntos, alzar las manos, postrarse en tierra; todos ellos son gestos simbólicos que encierran ya en sí mismos un mensaje suficientemente claro para todo el mundo. A esto se debe el que los verdaderos símbolos sean comunes a todas las religiones. Por esto, los auténticos y principales símbolos se enraízan en las cosas y actitudes más naturales.
Bitácoras