¡Hola, amigo Jesús!
Me hago consciente de tu presencia palpitante, que me envuelve y me toca. ¡Qué bien!
Quiero empezar diciéndote mi asombro por lo bien que Lucas supo explicar como una “catequesis” de ese “cuentito” de las “tentaciones” (de las que tanto han y hablamos, hoy con tono de “risas”…) todo el torbellino que se movía dentro de ti: tus búsquedas, tus dudas, tus convicciones de fondo..., en tu corazón. Más adelante nos dirás que le pidamos al Padre que no nos deje caer en la tentación.
Tú sabes que el diablo es muy hábil, astuto, tentador… y que, hasta diciéndonos palabras de Dios, está pretendiendo engañarnos y llevarnos a su terreno..., y por el camino a cuántos, incluso a tantos cristianos, se los lleva delante a su “poza sucia y bastarda…”.
A medida que voy abriendo los ojos, porque cada día, es bueno para aprender un poco más, claro, si tengo tu Evangelio en mi vida, o dejo que sea mi vida. Pero a medida que me vas ayudando a ver, me doy cuenta que tus tentaciones y las mías, y las de la Iglesia son las mismas y que de ti tenemos que aprender a no caer en la trampa. Siempre hay que estar vigilantes, siempre en la lucha, en la “guerrilla”... en que triunfe tu Palabra y no las palabrerías de Satanás… o sea del mundo… etc.
La primera tentación que encontramos en la Biblia es cuando “el mentiroso desde el principio” le dice a Eva: “serás como Dios” si no dejas que Dios te diga lo que debes o no debes hacer. Así que compórtate como dios haciendo lo que te apetece, lo que tú crees bueno y acertado sin interferencias de otro. A Eva “esa fruta” le pareció apetitosa y comió. El problema es que a nosotros nos sigue pareciendo “apetitosa” la fruta de “endiosarnos” y la comemos casi todos los días.
Ay, Jesús, tus tentaciones te hacen comprender las nuestras y estás cerca de nuestra debilidad. Pero, ¿Quién es Dios? ¿De qué manera Dios se manifiesta como Dios? ¿De qué forma parecernos a Dios? Y aquí se nos brinda la tentación muy bien adornada y apetitosa:
- ¿Haciéndonos cada vez más ricos o haciéndonos cada vez más pobres, unos pobres felices por la alegría de ayudar?
- ¿Haciéndonos cada vez más independientes o cada vez más dependientes de aquellos a los que debemos amor?
- ¿Haciéndonos cada vez más duros para que no nos hieran o dejándonos afectar por los dolores ajenos?
- ¿Siendo los primeros servidos o los primeros servidores?
Ay, Jesús, ayúdanos, porque quien se imagina a Dios poderoso, mandón, castigador… encontrará justificación para ambicionar todo eso.
Pero quien sabe que Dios se parece a ti solo buscará ayudar, compartir, amar de mil maneras, como tú.
Señor Jesús, ayúdanos a vivir una Cuaresma ¡contigo!
Que así sea.
Bitácoras
