¡Hola!, Jesús, hermano, amigo, Señor...
Hoy me pregunto cómo mirarías a la “madre que te parió”. ¡Cuánta ternura pondrías en tu mirada!
Me gusta lo que dice San Juan de que eres la Palabra de Amor hecha “carne”; y lo de San Pablo de que eres Dios “vaciado” de su grandeza para compartir nuestra debilidad. Y por Amor, sólo por un Amor que no merecemos.
Amigo, me pasa como a aquel compañero de cruz en tu viernes santo. No tengo que gritarte mi pena, te la puedo susurrar al oído, porque estás en la cruz de al lado, porque estás cerca, porque estás dentro. Siempre, siempre eres “Dios con nosotros”.
Perdona nuestro empeño en ponerte siempre lejos.
Hace unas semanas nos decías: “Estén despiertos, vigilantes”. Hoy me doy cuenta por qué nos lo decías. Se nos puede escapar la ocasión de encontrarnos contigo. Ya sabes que la Navidad la hemos llenado de tantas cosas que podemos perder lo fundamental. Lo cómodo, y la rutina que nos suena, es quedarnos con lo que sabemos: que si un matrimonio se va a Belén para empadronarse, que si le cierran las puertas de la posada, que si se van a un pajar o una cueva en las “afueras”, que si los pastores, que si los magos…
¡Es tan poético y tradicional esperarte así…!
Jerusalén esperaba al Mesías, pero lo esperaban más serio, más grandioso. Y se lo perdieron. Viniste por donde no te esperaban y como no te esperaban. Me pregunto si a nosotros nos podrá pasar algo parecido.
¿Estarás viniendo como no te esperamos? ¿Nos estaremos perdiendo la alegría de encontrarte?
Me gusta y me sugiere mucho el evangelio de hoy. Dios llama a la puerta de una jovencita. Pide acogida, pide colaboración para ser humano entre los humanos, para ser de carne y hueso como nosotros, para sentir en propia carne nuestros anhelos y nuestras penas.
Y el “SÍ” de María lo hizo posible.
Señor, ¿estarás esperando mi “sí” para hacerte presente aquí y ahora, entre la gente con la que convivo?
¿Pides mi sí para hacerte carne en mi carne, para tener boca que dice y bendice, para tener manos que ayudan, para tener pies y poder ir a los que te necesitan, para tener corazón y amar a los que amas…?
Jesús, María, enséñenme y ayúdenme a decir “Sí”, “Fiat”.
Bitácoras
