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Jesús es Plenitud


16 noviembre 2024

¡Hola! Amigo Jesús.

Gracias Señor por estar siempre ahí.

Gracias por escucharme. Tú sí que sabes escuchar y acoger; tú sí que sabes hacer tuyo todo lo nuestro.

Gracias por todo y tanto…

Con el salmo: “antes que la palabra salga de mi boca, tú ya la has escuchado”.

Me acabas de decir en el evangelio de hoy: “aprendan de la higuera”. Y aquí estoy intentando aprender de la higuera, sí de las hermosas higueras de Galilea y de cualquier parte. Tengo la suerte de conocer las higueras –recuerdos las higueras de las huertas de la fuente de la Cuerna. (das figueiras das hortas da fonte da Corna) y lo he visto muchas veces.

Mis ojos, que sólo ven lo superficial, y a veces ni eso, ven que en las puntas de las ramas hay un momento en que brotan unas yemas tiernas anunciadoras de vida y de fruto abundante. Parecía sin vida y, sin embargo, está muy viva. Parecía quieta, inactiva, pero viendo los brotes, me veo obligado a creer que, mientras yo no percibía nada especial, allí había una actividad frenética a favor de la vida y del fruto. Y ya se me hace la boca agua pensando en los higos que están en camino.

Y ahora toca aprender de la higuera. Viendo la higuera, me miro a mí mismo. Y veo rutina, estancamiento, inmovilidad, quietud…, apenas novedad, falta de vigor, entusiasmo, ilusión, alegría...

Estoy vivo, pero vivir, ¡vivir!... ¿cómo es mi vida? Pero mirando la higuera, quiero, necesito hacer el acto de fe de que dentro de mí, como decimos en la canción, “el Espíritu de Dios se mueve”. Pienso que tú me habitas y forcejeas conmigo para manifestarte. Pienso que Dios trabaja mi vida, mi corazón, mi alma, incluso cuando duermo.

Y de la higuera aprendo a tener esperanza. Los brotes y el fruto ya están en camino. Y eres tú el que vienes, el que cada día estás más cerca. ¡Estás a la puerta llamando ya! Y, mirando la higuera, miro a mis hermanos, y los veo medio apagados, sin brío, sin gozo... No parecen estar en fiesta, no terminan de arrancar, de lanzarse al vacío plenitud de Dios. Y quiero verte trabajando sus vidas. Y me digo: ¡Tengo que poner en ellos la fe que tengo en la higuera!

Gracias, Jesús, por enseñarme a mirar con otros ojos la espesa y esperanzadora realidad que tengo delante en mis hermanos. Y, mirando la higuera, quiero mirar el mundo, la vida, el futuro... Y también la higuera, y sobre todo tu palabra y tu presencia resucitada, me llena de esperanza, de vida, de amor y de Fe.

Este cielo y esta tierra, donde hay tanto dolor, sufrimiento, abatimiento y aburrimiento…, y donde parece que la muerte es la que manda, pasarán, pero el Amor de Dios no pasa nunca. Y Él hará todo nuevo: un mundo y una humanidad sin dolor ni muerte. El futuro será vida, armonía, alegría, ilusión, paz, gozo... Todo eso florecerá contigo que estás y que vienes, porque pronto estaremos en Adviento, preparándonos con Esperanza, para tu Santa y Feliz Natividad.

Por eso con ilusión y esperanza te decimos:

“Marana tha, ven Señor Jesús”.