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12 Un Capítulo para la Vida - ¿Nuevas Destrezas?


07 noviembre 2024

En la Vida Consagrada no es muy correcto hablar de “puestos de trabajo, empleo…”. Aunque es cierto que el tema de la ocupación siempre ha sido un tema de primera línea en los Consagrados. Se trata de organizar de manera correcta nuestro servicio carismático al Evangelio, al Reino de Dios, a la Iglesia, a la sociedad y a la humanidad. Aunque hoy hay que decir y ser sinceros que muchas tareas son “fastidiosas”, “aburridas”, “ineficaces” y no vale la pena conservarlas, porque son otros tiempos, y no le dicen nada a la sociedad de hoy…

Hoy nadie sueña entrar en un Monasterio, un Convento… para convertirse en un trabajador como en la vida laical, porque ser colaborador y cómplice del Espíritu Santo en la Misión no es una bagatela, no se confunde con un empleo a sueldo. Nos debemos preguntar:

¿Se siente la comunidad cristiana, la comunidad humana, adecuadamente servida y atendida por nuestras comunidades, instituciones y personas? O ¿resultamos prescindibles? ¿Qué hacer para crear suficientes puestos de trabajos carismático en aquellos lugares que más necesario somos? ¿Cómo crear nuevos puestos de misión, mirando a todo el mapamundi y no reduciéndonos a lo ya conocido y establecido, a lo de siempre…?

Cuidar a los demás (niños, ancianos, enfermos, discapacitados, excluidos y descartados, acogida a los inmigrantes…), es sin duda, la tarea más importante y exigente del mundo…, aunque “tropecemos” con la multitud de leyes, normas…, que no dicen y no sirven para nada, porque al final todo queda reducido a los ordenadores, los robots nos sustituyan en la administración. Y quién pagará a quienes “cuidan”…, alguien que subvencione los servicios básicos… subvencionar a través de la educación gratuita, atención sanitaria gratuita, transporte gratuito… la Vida Consagrada habrá de ser “pionera” en una economía alternativa, que no dependa de las “poltronas políticas”.

La Vida Consagrada no debe pertenecer al mundo cerrado y sombrío de la desunión, la separación, la falta de proyecto común, o la cultura de “muros”, sino al mundo abierto en el que se gesta una nueva fraternidad que ha aprendido a oír al mundo, a la sociedad, al ser humano…; sentirnos “samaritanos” y no “pasar de largo”: la Vida Consagrada busca caminos de encuentro por todo el mundo, y ser arquitectos y artesanos de la paz y el acercamiento de unos y otros, como familia de Dios, en la casa común de nuestro planeta.

Un Capítulo ha de tener la audacia de hacer presente el carisma en medio del mundo real, entre las nuevas etnias, sociedades, culturas… y para ello hay que empezar por cada uno, por cada fraternidad, cada Provincia… para favorecer la fraternidad universal y hacer de la Vida Consagrada una parábola de fraternidad. Se trata –no de engrandecer el Instituto-, sino la fraternidad, abiertos e integrar a todos. Y más ahora con las familias carismáticas, es tiempo de crear caminos para la “fusión”, la “unidad”… sólo lo que el Espíritu le sopló a Francisco de Asís. Necesitamos crear nuevas tareas que emerjan del “espíritu de Asís”, renovar una vez más la Alianza eterna y definitiva de y con Dios, nuestro Señor.

El espíritu misionero y emprendedor tendrá que ir acompañado de una revolución en la educación y formación… los nuevos empleos carismáticos en este mundo contemporáneo exigirán una gran pericia y a medida de que nuestras sociedades continúen mejorando (Fratelli tutti...) Serán necesarias nuevas habilidades y destrezas. Habrá transición, pero habrá que reinventarse una y otra vez, lo cierto es que no podemos quedarnos con los brazos cruzados, ni ocultar nuestros talentos… hay que volver a buscar a Jesús y preguntarle “qué he de hacer”…, seguro que te mirará a los ojos…, “déjate mirar por Jesús”.

El Capítulo es el tiempo propicio para el gran contrato sagrado, para renovar una vez más la Alianza eterna y definitivamente establecida. Nuestra vida consagrada es una vocación al amor de la Alianza y una proclamación de la catolicidad de ese amor. Es un amor que se encarna en todo, en todos, que tiene hacia una peculiar globalización y no atenta con las individualidades, los grupismos, las diferencias. Nosotros los “consagrados” vivimos ese amor de forma liminal (es estar en un umbral, entre una cosa que se ha ido y otra que está por llegar). Siempre hemos expresado la Alianza de amor en la tríada de pobreza, castidad y obediencia, y estos han sido, son y serán necesarios. Hoy hemos de traducir nuestro compromiso con la Alianza en categorías más cercanas al ser humano de nuestro tiempo globalizado y pluricéntrico: compasión, no-violencia, paz, cuidado de la creación, compromiso con la vida, seducción de lo Absoluto, opción por los pobres, los sin-casa, fraternidad universal etc., pueden entrar a expresar con nuevos eventos, lo que hoy implica la Vida Consagrada. Lo más decisivo es que sea reconocida como firma de vida inspirada en la etapa profética y liminal de Jesús de Nazaret, como memoria viviente de su pasión por la Alianza y de su lucha a favor de la Alianza. Y como amor apasionado al Señor resucitado, Esposo de la Iglesia, mediador de la Alianza definitiva.

Frente a la complejidad de la situación y la ambigüedad de los cambios, poca y frágil serán las respuestas que ofrezcan nuestro Capítulo. Son muchas más las preguntas que las soluciones. Se hace pasar por las crisis de lo imperfecto, lo provisorio, las incertidumbres, las soluciones parciales. Lo más importante es que sepamos enfocar adecuadamente las cuestiones vitales. “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar” (A. Machado). El Capítulo es tiempo de saber que mucho se ha caminado, pero también debe poner las pautas para seguir caminando, haciendo un nuevo camino…, las estructuras, proyectos, papeleos… etc., ya hoy no le sirven a los jóvenes y tal vez a nosotros nos arrincona en el aburrimiento…