Skip to main content

11 Un Capítulo para la Vida - ¿Diversidad?


04 noviembre 2024

El Capítulo ha de prestar especial atención a las diversas generaciones que formamos la Provincia: los jóvenes, la “generación del recambio” y a la posible “clase débil”.

De cara a los jóvenes en la vida consagrada, necesita “buenos entrenadores” y cuándo éstos no obtienen buenos resultados, han de ser sustituidos, (no podemos caer que cada vez que se celebra un Capítulo un constante cambio de “formadores”…, ni tampoco mantener “formadores eternos”…); se necesita “humildad” para entrar en un proceso de constante perfeccionamiento; y necesita, sobre todo, un gran espíritu de fe. La formación no es cuestión de “compadreo”, de colocar a los míos, a los que considero los “mejores”; un buen formador es ante todo un hombre “consagrado”, un hombre de FE.

En estos tiempos nos toca, o tenemos una juventud descentrada y que campa a sus anchas…, tal vez todo esto, si llama a nuestra puerta habrá que trabajar, y “trabajar duro”, pero sin olvidar quienes somos, y confiar en Dios, y tal vez, “formador” y “formando”…, se pueda llegar con los jóvenes a un camino donde encuentren su lugar…, tampoco podemos caer en hacerlos a nuestra imagen y hechura…, sé que lo descentrado…, no es la respuesta para nuestra Vida Religiosa, ni para la Iglesia, ni para la sociedad…, pero tampoco podemos dejarlos a la “deriva”, siempre hay algo que se puede y se debe hacer, incluso hasta lo imposible. Jesús siempre se hizo y fue, y es contigo, conmigo, con todos “compasivo”, “misericordioso”.

Poco a poco en nuestra sociedad ha ido desapareciendo el “recambio”, hoy lo de pos-guerras, revoluciones culturales de los finales de los 60…, han o están desapareciendo como grandes pensadores, filósofos, artistas, políticos... También en la Iglesia y en la Vida Consagrada está desapareciendo toda una generación de personas muy valiosas que han dejado tras de sí una valiosa herencia carismática, misionera, institucional, económica (pensemos en los últimos Pontífices) y que han orientado hacia una fuerte opción por la “encarnación e inserción”, por los más pobres y por una presencia significativa en la Iglesia y en la sociedad.

Otra generación asume ahora las responsabilidades de gobierno, de misión, de formación, de apostolado, de economía…, es una generación que ha superado la impresionante crisis religiosa y eclesial de estos últimos tiempos. En ellas recae actualmente la responsabilidad de la supervivencia de la Vida Consagrada, por lo que estamos en sus manos y sus manos son las que tienen que reinventar un presente-futuro más de Dios, para el bien de los hermanos…, y contribuir al bien de la Iglesia y la sociedad.

Las generaciones de la “clase débil”. Una clase que con el paso del tiempo sus servicios de entonces, hoy malamente les llamamos obsoletos…, a causa de la nueva visión del mundo, de la nueva conciencia, de los nuevos paradigmas, las nuevas tecnologías, habrá –o hay ya- entre nosotros no pocas personas que –a causa de su edad avanzada o por su impreparación- queden fuera de juego: como “desempleados”, o personas dedicadas a tareas apostólicas –carismáticamente poco significativas-, es que un “anciano”, que se lleva horas en el confesionario, en su ministerio de portar la Reconciliación divina, o simplemente tareas doméstica –es que no te agrada que esa persona, cuando llegas a “casa”, te tiene la comida, la limpieza, la compra…, y todo esto y mucho más que no te fijas, son las expresiones que son apropiadas para la Vida Consagrada, pero desde la vida fraterna son sin duda una edad de “oro”, que aportan su presencia de entrega generosa, sus valores…, aportan “cariño”, su “sonrisa”… para crear la “fraternidad”, esto es incuestionable, pues, nosotros estamos, porque ellos estuvieron antes y nos sacaron adelante, ahora sólo hay dejar que sus vida “débiles”, son como la tuya, y la mía…, son y están en la manos generosas del buen Dios, al que nos hemos consagrados. La Iglesia tiene la experiencia de grandes papas y personas que en el tiempo de la jubilación son un auténtico regalo carismático no sólo para la Iglesia, sino para la humanidad.