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“Dios te quiere”


03 noviembre 2024

¡Hola, Jesús!

No te convoco para que vengas, porque tú siempre estás. Soy yo el despistado que a veces pienso que sólo me envuelve el aire o la luz, sin darme cuenta que siempre estoy abrigado por tu presencia y por ese amor descomunal que me tienes. Siempre envuelto en tu mirada, siempre acurrucado en tu abrazo. Qué bueno saber que en un amor así existo y me muevo.

Ay, Señor. Dos mil años lleva circulando por el mundo este evangelio que hoy hemos vuelto a proclamar. Y no hemos aprendido a vivir en la sencilla hondura de tus palabras: amar es lo primero, amar es lo único que importa. Te confieso que no me gusta nada el llamar mandamiento a eso de “amar a Dios”. Me suena a carga e imposición. ¿Era para ti una carga amar a tu Padre?

Amigo Jesús, a ti, ¿quién te enseñó a querer tanto a Dios? Seguro que no fue el libro del Deuteronomio. A amar a Dios te enseñaron los ratos largos en los que te exponías a acoger el Amor inmenso que el Padre te regalaba. Y fue el amor de Dios el que te enamoró, el que despertó en ti el asombro y el agradecimiento. Te sentiste amado como nadie jamás en este mundo ha conseguido saberse amado por Dios, y te salía gozosamente el amor más grande, como nadie en este mundo ha conseguido amar al Amor Vivo que es Dios.

El mandamiento lo necesitará el que no haya tenido la suerte de sentirse amado por Dios. Pero el que sabe y saborea el Amor de Dios… Escucho un “te quiero”.

¿Eres tú, Señor? ¿A quién voy a querer como a quien tanto me quiere? ¿A quién voy a dar toda mi confianza mejor que a Dios? ¿A quién voy a entregar mi vida mejor que a quien me la da? ¿Quién se merece mis días, mis horas como Él, que me regala un minuto cada minuto?

Si esto es así, si esto es lo que creo, de dónde saco tanta desconfianza, tanto regateo, tanta disculpa… Señor, no me entiendo. El tiempo que “dedico” a Dios es el mejor tiempo que me dedico a mí mismo. Es pura ganancia, es tesoro encontrado.

Es como el ciego que se sumerge en la luz, como el sediento que se zambulle en el lago, como el perdido que llega a la meta, como el muerto que se sumerge en la Vida.

Señor, tenemos tanto que descubrir…

Que tu Espíritu despierte nuestro amor dormido y que descubramos que Dios.

¡Diosssssss, Diossssssss! es la Fuente de dónde venimos, el Camino por donde transitamos y el Futuro que nos espera.

Que así sea Señor. AMÉN.