El tiempo capitular es tiempo de escucha. Tiempo de obediencia, de renovación de la Alianza: “Shema Israel, escucha Israel…”…, “escuchemos al Espíritu de Dios”.
Se escucha ante todo la Palabra de Dios. Esta Palabra llega a los capitulares y a toda la Provincia a través de la gran tradición y a través de cada uno de los miembros que la experimentan y la viven y la proclaman… la Palabra llega a través del Espíritu Santo que está hablando a la Iglesia de hoy a través de los signos de los tiempos y lugares.
El mismo Espíritu que habló a nuestro Fundador inunda ahora el aula capitular, habla al corazón de cada uno de los capitulares. Cada capitular da voz al Espíritu que alienta en ellos y en cada uno de los hermanos representados. El Capítulo quiere –debe- escuchar la voz de aquellos que luchan (entender “lucha” como trabajo, entrega, generosidad, colaboración…) en las diversas partes donde se establece la Provincia. Hay que permitir ser guiadores por los acontecimientos, hay que romper demasiados esquemas “pasados”, son tiempos “nuevos”, que requieren respuestas de “apertura”, de “diálogo”…
La tarea hermenéutica, interpretadora de cada Capítulo es esencial. Un Capítulo puede y debe desatar los sueños carismáticos, y eso también es obediencia, responsabilidad…
Los capitulares dirigen su Palabra a sus hermanos. Pero también deben atreverse a dirigirla al pueblo de Dios, a la sociedad, a la política…, hay que dar importancia a la forma de transmitir para que pueda ser captada por todos a quienes se dirige. A veces los textos capitulares son escuetos, otras muy prolijos, otras incompresibles… la identidad carismática no debe ser redefinida, sino buscar la praxis, en la capacidad y actualidad que le ha dado la Orden y la Provincia, porque los demás descubren nuestra identidad (sin “Chanzas”) quienes nos ven, el Pueblo de Dios que convive con nosotros y nosotros con ellos, a quienes servimos y proclamamos la Buena Nueva del Evangelio.
No subestimemos los textos legislativos, ellos nos permiten funcionar bien, mejor. Unos buenos “estatutos” capitulares sobre formación, sobre la opción por los más pobres, sobre la actividad pastoral y espiritual en la vida sacramental (Reconciliación, Eucaristía), porque un Capítulo se debe de preocupar no solo de sus miembros (capitulares) sino del resto de los hermanos…, y juntos saber transmitir la herencia carismática, que va de generación en generación.
Es necesaria y urgente la tarea de la “escucha”, del “diálogo fraterno”, la “comunicación”, “compartir”… en nuestras fraternidades, que a veces son “puertas y personas cerradas” donde en el interior y en el exterior cada uno va a lo suyo…, y cada uno dentro o fuera tiene su idem de idem…
Bitácoras