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“… aquí hay uno que tiene pan…”


28 Julio 2024

Con 22 grados en Las Palmas de Gran Canaria, es para decir: ¡Hola, amigos! Y juntos como hermanos en la fe, tanto aquí, como en Península, todos podemos decirle a Jesús: ¡Hola amigo Jesús!, bueno nosotros diríamos: ¡Hola! mi “Niño”.

Sabes Jesús, muchos, pero muchos, piensan en ti, porque te preocupas sólo de las “almas” de la gente. ¡Qué graciosos!, y hoy en el evangelio según San Juan (6, 1-15) te vemos muy preocupado, pero que muy preocupado por aquella “gran multitud que acudía para estar contigo”. Tienen hambre, hambre…, de esa que vemos por las calles de cualquier Ciudad pidiendo para comer, y otros buscando pan en los “contenedores”; para aquellos, y estos, y todos nosotros tenemos hambre de “salud” del alma y del cuerpo, porque hay tanto dolor…, acércate al vecino de al lado, o ves a una Residencia de abuelitos y mayores…, o a un Hospital… Los miras, y ves su hambre, su necesidad. Y tú, que no tenías tiempo ni para comer, te dedicas a alimentar a otros.

Señor, en este domingo (último de julio) que celebramos la IV Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores, con el lema: “En la vejez no me abandones” (Sal 71,9), hoy de nuevo te digo: Gracias Señor por mirarnos así y por ser así…, “tan bonachon”. Y los apóstoles no atinaban…, dudaban…, se interrogaban… ¡Ay, ay, cuándo aprenderemos tus discípulos, nosotros los cristianos a ser, a mirar y a actuar como Tú!

Pero como es la vida, nosotros que lo vemos todo complicado, allí apareció entre la multitud un muchacho que hizo posible que multiplicaras el pan y los peces (qué silencio cuando se entra en Tierra Santa, al Santuario de la Multiplicación, Tabga, cargado de silencio, oración, lágrimas…) –el milagro de la multiplicación de los panes y peces dependió de un muchacho-; también hoy nosotros podemos ser ese muchacho para hacer posible cualquier milagro, y todos necesitamos que Tú, Señor, hagas un “milagro” con nosotros. Aquel chico era y desde entonces aún más, era muy generoso. Y nosotros ¿somos generosos con los demás…? porque siguen siendo muchos que tienen hambre, que mendigan por las calles y plazas buscando “pan”, son ¡millones!, miremos hacia los “cayucos” que llegan        a las costas de nuestras Islas, miremos Africa, Asia, América “la Hispana”…

Cuándo nuestra generosidad hará posible que multipliques de nuevo el pan, porque siguen siendo muchos, ¡millones!, los que siguen teniendo hambre, mientras que tus discípulos miramos para otro lado sin enterarnos de qué va lo tuyo. ¡Señor, que no nos falte la compasión y la generosidad de cada día!

Y ante eso todos quisieron encumbrarte y los apóstoles se pusieron muy contentos, nosotros también deseamos un Mesías “poderoso”, pero tú no quieres estar arriba sino a los pies de todos. Quisieron, como el diablo en el desierto, darte todo el poder, pero tú no quieres dominar a nadie sino servir a todos. Quisieron darte autoridad para que dieras leyes buenas. Y sí, nos mandas que “nos amemos unos a otros como tú nos amas a todos”, aunque no te hagamos caso. Por eso, no te dejarás llamar “rey” sino en la cruz del amor. Tú corriendo para que no te nombren rey, y nosotros corriendo para que nos nombren, para que nos den un cargo de honor, para ponernos un “trapito distinto” que deje claro que uno tiene un rango superior.

¡Ay, el evangelio…! Yo no voy por la vida haciendo milagros. ¿O sí? Yo no estoy arreglando el mundo. ¿O sí? Yo no estoy construyendo el Reino de Dios. ¿O sí? Quizás yo soy de los que piensan que los milagros han de ser cosas grandiosas y aparatosas. Y el milagro lo hace posible la generosidad de un muchacho, un tiempo dedicado a aliviar la soledad de un enfermo, a escuchar con paciencia el “rollo” de quien necesita desahogarse, dar una sonrisa sincera, regalar el perdón…, y como servidor de la Reconciliación, no me importa estar todo el tiempo sentado escuchando y viendo las lágrimas de una persona que se acerca a la Iglesia, que pide el perdón de Dios ¿Y si un milagro estuviera esperando por mí?

“El que escucha mis palabras y las pone por obra, nos dices, se parece a la persona inteligente que construyó su casa sobre roca. Y vino el temporal, y no se derrumbó”. Tenía un buen cimiento. Señor, que nos sentemos a escucharte. Que nos tomemos en serio tus palabras. Que nos arriesguemos a confiar sólo y siempre en ti. Ayúdame a estar y ser más asiduo ante tu presencia en el Sagrario. Hoy te pido que ayudes a los hermanos a verte y a ver con tus ojos de generosidad.

         Gracias Señor.