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Llamados al seguimiento en Comunidad


15 Agosto 2024

Carisma…, Profecía... (Vida Religiosa)

El seguimiento de Jesús implica la incorporación a la comunidad de sus seguidores (Iglesia). No es posible seguir a Jesús individualmente, privadamente… No es posible seguirle al margen de la comunidad. En los evangelios hay muchas llamadas, aunque todas son llamadas plurales o colectivas, para incorporarse a la comunidad de seguidores (Iglesia), la de aquellos “que oyen la palabra de Dios y la cumplen” (Lc 8,21). Esta comunidad está compuesta por una especie de círculos concéntricos. En primer lugar un pequeño grupo de íntimos en momentos trascendentales como la Transfiguración, la agonía en Getsemaní. Siempre Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a Juan. Éstos forman parte del grupo de los doce, a quienes denomina “los que le han seguido” (Mt 19,28; Mc 10,28; Lc 18,28). Aparecen siguiendo a Jesús durante su vida pública, de forma permanente. Comparten con Jesús su vida y misión. Ellos mismos después de la Pascua, se autodefinen como los que “han comido y bebido con él” (Hch 10,40). Esta convivencia con el Jesús histórico les hace testigos privilegiados de la resurrección. Son el núcleo de la comunidad de los Hechos de los Apóstoles que han sido siempre modelo de referencia para la comunidad religiosa.

            Le siguen de forma permanente un grupo de mujeres, y San Lucas las asocia al grupo de los doce. “Le acompañaban los doce y algunas mujeres que habían sido curadas…” (Lv 8, 1-2). Y todos los evangelistas se refieren al mismo grupo en el momento de la prueba, durante la crucifixión (Lc 39,49; Mc 15,40-41; Jn 19,25). El seguimiento hasta el final da a este grupo una importancia singular, no siempre reconocida en la historia de la comunidad cristiana. Desempeñan un papel importante en el primer anuncio de la resurrección.

            Aparecen en los evangelios otros grupos de seguidores, cuyo número es indeterminado. Según Lucas, Jesús elige a los doce entre los discípulos que le acompañan (Lc 6,13). Merece especial mención el grupo de los setenta y dos al que el evangelio de Lucas alude (Lc 10,1). Más bien se trataría de un seguimiento discontinuo y compatible con el estilo ordinario de vida.

            Finalmente, los evangelios se refieren a las masas que siguen a Jesús, especialmente en la primera parte de su vida pública. Por supuesto que el seguimiento de las masas es esporádico y no implica el abandono de su estilo ordinario de vida.  Estos textos de seguimiento y seguidores de Jesús arrojan una primera conclusión: seguir a Jesús implica incorporarse, a una nueva comunidad. Esta es el nuevo Israel. El nuevo pueblo de Dios. La incorporación al Reino de Dios exige necesariamente la experiencia y la práctica comunitaria. Sin embargo, la pasión y muerte de Jesús constituye un duro golpe para la comunidad de los primeros seguidores. El escándalo y sensación de fracaso provocan en ellos la dispersión decepcionada (Lc 24,13s-35). Es la nueva comunidad pascual, la IGLESIA.

            La vida cristiana es esencialmente comunitaria. La historia de la Iglesia y especialmente la historia de la Vida Religiosa se encargarán de dar forma a los distintos modelos de comunidad. Pero esa pluralidad es sólo la expresión de una verdad primera: el seguimiento de Jesús es una empresa comunitaria. Esta verdad es tan central en la fe cristiana, que los Hechos relaciona la incorporación a la comunidad del nuevo Israel con el don de la salvación. El primer sumario de la comunidad de Jerusalén se concluye: “El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar” (Hch 2.47).

            Una segunda conclusión: la comunidad de los doce tiene un puesto destacado durante la vida pública de Jesús, como la tiene también la comunidad de las mujeres que le siguen. Este será el núcleo de la comunidad pospascual. La referencia permanente de la vida religiosa a esta comunidad considera especialmente en los doce su condición de seguidores de Jesús.