Carisma…, Profecía... (Vida Religiosa)
La Vida Religiosa hoy confiesa la debilidad de su fe. El miedo es el negativo de la fe. Hoy la vida religiosa confiesa muchos miedos, pero quizás oculta otros, los más importantes.
Los miedos no suelen presentarse a cara descubierta. Se enmascaran, porque son síntomas de debilidad. El miedo se disfraza para hacerse razonable, en medio de una sociedad “igualitaria”. A veces el miedo se refugia en una fe alienante, que sólo sirve como escudo de seguridad. Es una fe que no arriesga nada; sólo quiere acumular ganancias. Es esa fe que no va más allá de nosotros mismos, de nuestra santificación individualista, de nuestra autorrealización narcisista. Esta fe que nos dispensa de las radicalidades evangélicas. En definitiva, es una fe sin seguimiento. Esa fe, o está llena de miedos o simplemente es un disfraz del miedo.
Las tentaciones más serias contra la fe no son las dificultades teóricas sobre los dogmas y los misterios cristianos: trinidad, divinidad o humanidad de Cristo, transustanciación... La fe que funciona a estos niveles teóricos y a veces ideológicos, no es la fe bíblica que se mueve en el terrero de la experiencia y la fidelidad. La tentación más radical contra la fe es el miedo, la falta de confianza, de coraje, de libertad para seguir a Jesús y asumir su camino y su destino. El miedo es algo tan natural como el instinto de supervivencia. Evangélicamente, el miedo es la señal de que aún no hemos entrado en la dinámica del reino, en el camino de Jesús.
Los miedos abundan hoy en la vida religiosa. Miedo a gastar o a haber gastado la vida; el “sinsentido”, que es el mayor drama para los seguidores de Jesús. Hay miedo a las renuncias y a la inseguridad, al cambio y al futuro, a perder la estima. Hay miedo al conflicto que llevan consigo la conversión y la liberación. Hay miedo terrible al discurso sobre los pobres. Hay miedo a perder la vida, aunque sea por la causa del evangelio… humanamente hay razones para esos miedos…, somos cada vez menos, más viejos y más “in-significantes”. Aunque desde el evangelio deberíamos considerar un momento privilegiado…, que significa regresar a la verdadera radicalidad de la fe y el seguimiento. “¡Mirad, que habéis sido llamados!...
Los miedos son la verdadera medida de la actual crisis de la vida religiosa, porque bloquean el futuro o el camino hacia lo nuevo. Impiden que esta noche oscura se abra a una alborada más limpia y luminosa. El miedo es el gran obstáculo para convertirse de verdad a la radicalidad de la fe y del seguimiento. “¡Por qué tenéis miedo, hombres-mujeres de poca fe!” (Mt 8,26). La etapa pospascual se caracteriza por la fe y la valentía (Hch 4,13.29-31; 9,27; 13,46; 14,3; 18,26; 19,8; 28,31).y de sus seguidores.
En las apariciones se deja sentir el miedo, tienen miedo el centurión, los soldados, las mujeres: “Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas, y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo…” (Mt 27,54; Mc 16,8). Tienen miedo los once (Jn 20,19). Es la duda y el miedo a las consecuencias del seguimiento. No han asumido el camino del sufrimiento y de la humillación como el itinerario de Jesús.
Hoy se han intensificado los miedos. Sin embargo, ningún factor es tan definitivo como la falta de fe. ¿Cómo superar esos miedos?, cómo superarlo. El caso de Pedro es toda una lección. No le falta voluntad de confesar a Jesús (Mt 16,16). Ni le faltaba generosidad, ni disposición…, aunque Jesús le reclama cuando se opone a los planes de Dios. El que no va por el mismo camino de Jesús ni asume su destino, no puede seguirle. De la buena intención de Pedro no cabe la menor duda: “Saliendo fuera, rompió a llorar amargamente” (Mt 26,75). Pero la lección es inapelable: la fe y el seguimiento prepascual no le bastaron para mantenerse fiel en el momento de la prueba.
En la vida religiosa el miedo no se vence a base de voluntarismo, y rara vez se viste de humildad, más bien hace una exhibición de coraje.... Y surge la rigidez, el legalismo, la intransigencia, la intolerancia, dominio…, hay muchos miedos escondidos (escoge a uno o una religioso/a, y dale un “oficio”…, tarde o temprano salen todos los miedos, pero tapados, y son inaguantables, incomunicativos, intransigentes, intolerantes…, dictadores…
La única victoria contra el miedo es la fe radical en Jesús, la fe pascual que confía en el triunfo de los planes de Dios. Este es el nivel teologal, que trasciende los caminos, y se convierte en un desafío más radical que tiene la vida religiosa. ¿Será capaz de volver a la fe radical allí donde está tocando el fondo de su insignificancia e inutilidad? Esa fe radical implica encuentro personal con Jesús, una proximidad o cercanía a él. La experiencia contemplativa es hoy urgente en la vida religiosa, para alimentar ese encuentro personal con el Resucitado. Los tres días de Pablo en Damasco es un símbolo desafiante para la vida religiosa (…sin ver, sin comer, sin beber…).
La fe radical implica un conocimiento personal de Jesús, hay que recobrar la vista, la vida…, que nos invitan a la “meditación”. El problema actual en la vida religiosa no es de buenos y malos; es un problema de ver o de estar ciego. La fe radical implica, un firme y profundo amor a Jesús –Pedro le negó tres veces…, y tres veces le dijo llorando amargamente: “te quiero Señor”. Ha pasado de la fe radical al amor radical. Ahora está preparado para seguir a Jesús hasta la muerte radical (en cruz, en la colina vaticana).
El amor consiste en salir de uno mismo, renunciar a los propios intereses y poner en el centro de la vida a otra persona Cristo. Eso es la fe radical. Sin ella o sin amor, tanto los mandamientos, los consejos…, son tarea imposible. “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos” (Jn 14,15). Amar a Jesús es descubrir en él todo un mundo de sentido, confiar en él, seguir su itinerario, asumir su destino, e incorporarse a su proyecto de liberación para toda la humanidad. San Mateo nos recuerda que el amor a Jesús se encarna o se sacramentaliza en el amor a todos los seres humanos, comenzando por los últimos (Mt 25,31-46).
Bitácoras
