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El seguimiento pide radicalidad en la fe


08 Agosto 2024

Carisma…, Profecía... (Vida Religiosa)

Entre hablar de la Vida Religiosa como “tradicional” o “liberal”, prefiero ir hacia un término o una realidad nueva para el momento que es “radical”, que puede significar una hondura evangélica, que nos ayuda a estos momentos buscar un término para definir. “Radicalidad” en la fe, en el seguimiento de Jesús, en la vida cristiana, y en ella la Vida Religiosa, la cual radica más en la “radicalidad” en la fe, que en un  simple sentimiento religioso. Los fulgures, los fervores momentáneos, que a lo largo nos pueden perder la perspectiva de la cruz y tarde o temprano nos colocan al borde la frustración y del abandono, porque a veces hay mucho de buenas intenciones, mucho de frondosidad ficticia y engañosa. Vivimos en tiempos de invierno. Si la Vida Religiosa mantiene aún las raíces, podemos ver el actual invierno o la actual noche oscura con esperanza: como una crisis fecunda, que está incubando firmeza, resistencia, esperanza y nueva vida.

            Radicalidad no significa violencia, agresividad, ataque, moralismo intransigente o maniqueísmo, ni intolerancia…, el trigo y la cizaña siguen mezclados. Radicalidad significa hondura, consistencia, firmeza en la fe, en verano o en invierno, en la noche oscura o en la alborada. Significa coherencia con el proyecto de vida evangélica. Significa evitar juegos a dos bandas”, o ambigüedad de vida o querer servir a dos señores. La radicalidad evangélica es compatible con la debilidad, no con la mentira, lo chabacano, lo vulgar…. La radicalidad significa no limar hasta tal punto el evangelio y sus exigencias que quepa en todas partes y se ajuste a cualquier proyecto de vida. La radicalidad de la Vida Religiosa hay que buscarla en las raíces. Y esas raíces hay que buscarlas en la fe pascual, porque sólo es posible el seguimiento radical para aquellos que están enraizados en Cristo. El fundamento último de la vida religiosa es una experiencia religiosa radical (Santo Tomás, habla de que la vida religiosa consiste en la perfección de la virtud de la religión, o en la “consagración” total del religioso a Dios). El carisma específico de la vida religiosa consiste en “tematizar” la experiencia de Dios en Jesucristo y hacer de ella el proyecto fundamental de roda la vida. Esa experiencia religiosa implica “el saber, el no-saber y el sabor”

            La crisis actual de la vida religiosa no es disciplinar, ni ascética, ni moral… aunque abarque todos esos aspectos. Es una crisis teologal: falta de fundamento o la raíz teologal que dé consistencia y sentido. Es una crisis de radicación o radicalidad. Falta la suficiente experiencia de Dios para sustentar el proyecto y garantizar el fruto. “Falta el un Absoluto en la vida capaz de capitalizarlo todo y de unificar y dar sentido a todo el proyecto de vida religiosa”. Es una crisis de fe y, por tanto, de sentido. En otros proyectos de vida, cuando falta la fe todavía tiene sentido la familia, o el trabajo o… En este proyecto de vida, cuando falta la fe ya nada tiene sentido. Esa carencia de sentido está en la raíz de la actual noche oscura de la vida religiosa.

            Si falta la fe radical, todo el aparato de la vida religiosa cae por su base: vocación, consagración y misión; oración, comunidad y observancias; instituciones, obras y apostolados... Aún más, si falta la fe radical, no tiene sentido ni el seguimiento, ni las renuncias, ni los compromisos más radicales. Si falta la radicalidad en la fe, ninguna otra radicalidad se puede llamar con propiedad evangélica o cristiana.

            La fe radical nos centra –o nos enraíza- en la persona de Jesús. San Pablo dice: “Vivid, pues, según Cristo Jesús, el Señor, tal como lo habéis recibido; enraizados y edificados en él; apoyados en la fe, tal como se os enseñó, rebosando en acción de gracias” (Col 2,6-7). Este centrar la vida en la persona de Jesús libera al creyente de una fe demasiado abstracta y alienante en Dios y en el Reino. La radicalidad en la fe es la base de la radicalidad en el seguimiento.