Carisma…, Profecía... (Vida Religiosa)
La Vida Religiosa debe preguntarse hoy con mucha honestidad dónde está su Galilea y dónde está su Jerusalén. Es una pregunta para identificar las raíces últimas de la actual noche oscura, y para buscar salida a la crisis. Hay que colocarse en el lugar exacto para recibir el don de la fe radical, y para encontrarse con el Resucitado. Los que acceden a la fe pascual son capacitados para un seguimiento fiel. Jesús está vivo en la medida que hay seguidores que lo hacen visible. La Vida Religiosa debe preguntarse hoy si no se ha acostumbrado a vivir en Jerusalén, en el centro, en el lugar de las grandes tradiciones religiosas, donde se elimina a los profetas y no se espera nada nuevo… Debe preguntarse si está dispuesta a vivir el seguimiento en Galilea, en la periferia, en las fronteras.
La fe pascual de la Iglesia se afianza en tres experiencias fundamentales:
1º.- La experiencia del Espíritu de Jesús que anima la comunidad de los discípulos. Si el Espíritu de Jesús actúa, es que Jesús está vivo. Las apariciones del Resucitado están rodeadas de miedos y dudas, hasta que el Espíritu es enviado a los discípulos. Pentecostés es el afianzamiento de la experiencia y de la fe pascual. Sólo en Pentecostés los discípulos pierden el miedo y adquieren el coraje (parresía) definitivo para el seguimiento y la misión. La fe pascual es don y gracia, obra del Espíritu que Jesús envía.
2º.- La experiencia de la fraternidad. Varias apariciones tienen lugar en un contexto de comida fraterna, mientras los discípulos comparten el pan o Jesús parte el pan para ellos (Mc 16,14; Lc 24,30; Jn 21, 13). Si existe la comunión fraterna, expresada en la comunidad y en la fracción del pan, es que Jesús está vivo, está presente en la comunidad. El recuerdo de la convivencia con el Jesús histórico, de haber compartido con él mesa y pan, es definitivo para reconocer al Resucitado y para afianzarse en la convicción de que Jesús está vivo: “Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron…” (Lc 24,31). El gesto de la fracción del pan es distintivo fundamental en la comunidad de los Hechos (Hch 2,42).
3º.- La experiencia del seguimiento. Reconocen al Resucitado los que le han seguido durante su vida terrena o los que están dispuestos a seguirle ahora, aunque hayan capitulado. Pedro y los demás capitularon a la hora de la verdad; sin embargo, los recuerdos y el propósito de reemprender el seguimiento les sirve ahora para reconocer al Resucitado. De alguna forma, el recuerdo de su convivencia con el Jesús histórico les abre las puertas a la experiencia y a la fe pascual. El nuevo seguimiento es el mejor testimonio de que Jesús está vivo, de que su causa sigue adelante, de que sigue actuando en la historia de la humanidad. Fe pascual y seguimiento mantienen una estrecha relación. Se puede decir que Jesús está vivo en la medida en que tiene seguidores; e igualmente se puede decir que hay seguidores de Jesús en la medida en que él anima su camino.
Bitácoras
