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Seguir a Jesús como los de Emaús… (II)


01 Agosto 2024

Carisma…, Profecía... (Vida Religiosa)

Las alusiones a Galilea son varias en los relatos de las apariciones. San Mateo: “Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de vosotros a Galilea, allí lo veréis” (Mt 28,7); “Id y avisad a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán” (Mt 28,10); “Por su parte los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verlo lo adoraron; algunos sin embargo dudaron” (Mt 28,16-17).  Y en San Marcos: “Id a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo (Cf Mt 26,32)” (Mc 16,7). San Lucas: “No está aquí, ha resucitado- recordad cómo os habló cuando estaba todavía en Galilea…” (Lc 24,6) y San Juan: “Después de esto se manifestó Jesús a los discípulos a orillas del mar de Galilea” (Jn 21,1).

            Galilea tiene una profunda significación en este contexto. Es el lugar de la primera etapa del seguimiento. Allí los discípulos fueron llamados por Jesús: allí le siguieron; allí convivieron con él; recibieron su instrucción; fueron introducidos en su conocimiento y fueron enviados… El seguimiento prepascual fue decisivo para el reconocimiento del Resucitado. Sólo lo reconocieron los que le habían conocido, los que habían compartido su vida, los que habían partido el pan con él o con quienes él había compartido el pan. “A este Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de aparecerse, no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había escogido de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de entre los muertos” (Hch 10,40-41). El lugar del seguimiento es el lugar del encuentro con el Resucitado. “Volver a Galilea significa retomar la historia de Jesús, convirtiéndola en principio y sentido de la nueva vida”.

            Es también la “Galilea de los gentiles”, el pueblo que yacía en tinieblas y sombras de muerte. Está libre del gran peso de las tradiciones e instituciones religiosas. Se encuentra en las márgenes, en la frontera del judaísmo oficial. Galileo era en Jerusalén poco menos que un insulto o, cuanto menos, un equivalente a “provinciano”. En Galilea la salvación se espera a través del sistema del don y la misericordia. Ese es el lugar del encuentro con el Resucitado.; (12,24);

            Jerusalén aparece en los relatos como algo negativo. En Jerusalén sólo se encuentra el sepulcro vacío: “No está aquí, ha resucitado, como lo había dicho. Venid, ved el lugar donde estaba” (Mt 28,6; Mc 16,6); “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí ha resucitado” (Lc 24,5-6; 12,24); “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto” (Jn 20,2-13). Jerusalén es el símbolo del lugar de oposición a los planes de Dios; del rechazo y de la muerte de los profetas; de la injusticia cometida en nombre de Dios, de la religión y de la ley… Es el lugar en el que se ha dado muerte a Jesús y en el que sólo está el sepulcro vacío- es el lugar que ha rechazado la oferta única y definitiva de la salvación eliminando a Jesús.

            Jerusalén es el lugar central y religioso, lugar de las tradiciones…, el lugar del culto, no del seguimiento. Ahí el templo como símbolo envidiable para los demás pueblos. Lugar del pasado, de las leyes de la pureza, de la ortodoxia… Es el lugar en el que se busca la salvación por el fiel cumplimiento de las tradiciones y de las leyes.

            Este doble simbolismo de Galilea y Jerusalén tiene una repercusión para comprender la experiencia pascual y el seguimiento. La fe pascual es un don gratuito de Dios, pero hay que encontrarse en el lugar adecuado para encontrarse con el Resucitado. Ese lugar es Galilea, me refiero a la Galilea histórica y teológica de cada comunidad. Galilea es el lugar del seguimiento, de la marginalidad, de los pobres… Ese lugar no es Jerusalén, donde no se espera ya más salvación, ni se espera otro Mesías.