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¿En qué consiste el seguimiento del Señor Jesús?


24 Julio 2024

Carisma…, Profecía... (Vida Religiosa)

El seguimiento físico del Jesús histórico es: ir detrás de él o acompañarle por Palestina. El que quiera  seguirle, tendrá que levantarse, ponerse en camino, ponerse en movimiento. Aunque puede tener diversas significatividad: “En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciados” (Jn 6,26).

Tras la muerte y resurrección, ya no es posible seguirle físicamente. La Ascensión trae desconcierto. “Estando ellos mirando fijamente al cielo mientras se iba, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: “Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo?” (Hch 1, 10-11). En adelante el seguimiento tiene un sentido simbólico o metafórico: vivir animados por la fe en Jesús, ser conducidos por su Espíritu, vivir como él, compartir su misión, asumir su destino… para esto es necesario comprender a fondo este nuevo sentido de seguimiento, es muy importante la memoria o el recuerdo de aquel primer seguimiento histórico. Los testigos oculares tienen gran importancia para clarificar el sentido del seguimiento. “Los que han comido y bebido con él” tienen una palabra autorizada para mostrar el camino.

En los evangelios prevalece la terminología del “seguimiento” –sólo- se utiliza una vez el término “imitar” en sentido negativo. Jesús desaconseja a la gente y a los discípulos imitar a los “escribas y fariseos”. Jesús afirma con fuerza: “Vosotros, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” (Mt 5,48). Vosotros sed santos, porque yo, Yahvé, vuestro Dios, soy santo” (Lev 19, 2; 11,45…). La santidad de Dios exige la santidad del pueblo.

En otros escritos del Nuevo Testamento desaparece el término “seguimiento”, y aparecen dos palabras con intención análoga a la de seguimiento: “camino” e “imitación”.

Las referencias al “Camino” son características de los Hechos de los Apóstoles (9,2; 16,17; 18,25; 18,26; 19,9; 19,23; 22,4; 24,14; 24,22). Jesús se había presentado como el camino (Jn 14,6). Ahora se habla de los discípulos como “aquellos que siguen el camino”. Se habla de la vida cristiana como el “camino”,  de los seguidores de Cristo. El propio San Pablo escribe: “Yo perseguí a muerte a este camino… (Hch 22,4)”. Y más tarde en Éfeso rompe con algunos que hablan mal del camino como obstinados e incrédulos….; rompió y formó un grupo con los discípulos…” (Hch 19,9; 19,23; 24,22). Camino es utilizado para significar “el camino de salvación (Hch 16,17), “el camino del Señor” (Hch 18,25), “la vida cristiana” (Hch 18,26) o la “comunidad cristiana” (Hch 24,14). Seguir el camino del Señor es seguir a Jesús el Resucitado.

La “imitación” es más característica de los escritos de San Pablo. Él se presenta como modelo de vida cristiana y pide a los demás que le imiten como él procura imitar a Cristo: “Sed mis imitadores, como yo lo soy de Cristo” (1Cor 11,1; 4,16; Flp 3,17; 1Tes 1,6; 2Tes 3,7; 3,9…). “Sed imitadores de Dios como hijos queridos” (Ef 5,19). “Por vuestra parte, os hicisteis imitadores de nuestros y del Señor…” (1Tes 1,6). En Hebreos pide a los cristianos que imiten a aquellos que han sido modelo en la fe y en la perseverancia: “…no os hagáis indolentes, sino más bien imitadores de aquellos que, mediante la fe y la perseverancia, heredan las promesas” (Heb 6,12); “Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaros la Palabra de Dios y, considerando el final de su vida, imitad su fe” (Heb 13,7).

En la historia de la vida de la Iglesia se habla del ideal de la vida cristiana: la imitación de Cristo y el seguimiento de Cristo. En la teología y la espiritualidad del Vaticano II hay una cierta preferencia por la expresión “seguimiento de Jesús”. Siempre aparecen en referencia a la vida religiosa.

No es bueno convertir la vida cristiana en un problema de palabras: “camino”, “seguimiento”, “imitación”… la vida cristiana es exactamente eso: un asunto de vida, no de palabras. ¡Ojalá nos dedicáramos con todo el fervor y el coraje a hacer del camino cristiano, a seguir a Jesús o a imitarle, aunque no supiéramos exactamente qué expresión es más feliz para formular la espiritualidad cristiana! Por eso la Iglesia en la formulación doctrinal de fidelidad al evangelio. Hoy en la misma vida de la Iglesia tenemos preferencia por la teología del seguimiento.

En la teología paulina, la imitación consiste en dejar que Cristo haga germinar en nosotros el hombre nuevo, la humanidad nueva. Aunque seamos conscientes que la imitación es una actividad repetitiva y conservadora. Mientras que el seguimiento es más dinámico, creativo y abierto a la novedad. No hay fidelidad si no hay movimiento, cambio y actualización. Porque la vida cristiana es más que una simple reproducción de gestos y acciones del Jesús histórico. Por eso, imitar a Jesús sin la inspiración y la motivación de la fe pascual es reducir la vida cristiana a una simple moral; es una espiritualidad que desencadena una moral. Ignorar la dimensión teologal de la vida cristiana, es quitarle su dimensión más característica.

La vida cristiana consiste en actualizar el camino de Jesús en las nuevas circunstancias históricas de la comunidad. Consiste en “recrear” hoy lo que Jesús dijo e hizo “en aquel tiempo”. No hay verdadera fidelidad a Jesús sin esta recreación profética de su vida y de su itinerario original. Él es la oferta definitiva de salvación para la humanidad. Esa espiritualidad consiste en hacer de Jesús el sentido, el lenguaje del seguimiento de Jesús parece más adecuado que el lenguaje de la imitación para definir la vida cristiana.

La espiritualidad del seguimiento tiene como base la fe radical en Jesús, el Cristo. Él es la revelación plena de Dios. Él es la oferta definitiva de salvación para la humanidad. Esa espiritualidad consiste en hacer de Jesús, o de la fe en Jesús, el centro de la propia vida y de la propia vida espiritualidad.

La espiritualidad del seguimiento implica ser animados por el Espíritu de Jesús, la espiritualidad no es otra cosa que la acción del Espíritu en nosotros. Toda la vida del creyente es espiritualidad en la medida en que está animada y es conducida por el Espíritu. Todo es espiritualidad cristiana en la medida en que es don y gracia, en la medida en que es obra del Espíritu de Jesús.

El Espíritu renueva o recrea constantemente la vida de los discípulos de Jesús. La espiritualidad del seguimiento consiste en hacer de nuevo el itinerario de Jesús y asumir su misión y su destino. No es posible conocer a Jesús de forma creyente sin rehacer su camino. En este sentido, el seguimiento de Jesús es el método más eficaz para una verdadera cristología. “El seguimiento no es una parte de la fe cristiana de la que se pueda hacer el uso que se desee, sino la pieza central de la cristología: sólo siguiéndoles “sabemos” quién es Él y lo que recibiremos de Él”. El seguimiento fiel de Jesús llevará al discípulo a asumir también su misión, con todo lo que implica de conflicto, y su destino, con todo lo que implica de pasión y muerte. Aunque hay que saber que la espiritualidad del seguimiento no tiene como propósito el conflicto, ni la pasión, ni la muerte, todos estos elementos le son tan familiares que, a la postre, son buenos criterios para evaluar la fidelidad en el seguimiento.