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Carisma…, Profecía... (Vida Religiosa)


18 Julio 2024

“Lo esencial de la vida cristiana es el seguimiento de Jesús”

El seguimiento es absolutamente lo central…, los textos bíblicos para fundamentar la Vida Religiosa muestran el carácter universal de la llamada al seguimiento. El que quiera entrar en la dinámica del Reino, deberá seguir a Jesús. El llamamiento por parte de Jesús de aquellos primeros en la ribera del mar de la Galilea, son escenas típicas de vocación, del comienzo de una historia muy hermosa de seguir al Maestro. La persona y el ministerio de Jesús son una invitación a todas las personas para que le sigan, Él se presenta como la revelación definitiva de Dios, la plenitud de la salvación, “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6).

Todos los discípulos están llamados al seguimiento. La elección significa universalidad, ellos representan las doce tribus de Israel (Mt 19,28). Los doce no son exclusividad, sino universalidad de la Iglesia. La común llamada al seguimiento no contradice la llamada particular a diversos ministerios en la comunidad –en la vida de la Iglesia-. Algunos reciben una llamada en tono fuertemente imperativo: “Sígueme”… “Tú sígueme”… (Mt 8,22; Lc 9,59), ahí Jesús expone las exigencias del seguimiento y de la vocación apostólica eclesial.

¿Cuáles son las condiciones del verdadero seguimiento, para hacer el itinerario de Jesús?

La invitación de Jesús  va dirigida a todos los hombres y mujeres que deseen incorporarse al reino de Dios –no hay privilegios o derechos…-.

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día,  y sígame” (Mt 10,38). El seguimiento de Jesús es esencial del discipulado:

“Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz” (Jn, 10,4).

“Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen” (Jn 10,27). Tengamos presente algunos verbos: hacer, desear, incorporarse, negarse, cargar, conocer, escuchar… y seguir.

Pero aquellas masas, aquel fervor decae tras la “crisis de Galilea”, cuando comienza a desvelarse el rostro doliente del Mesías, del Siervo de Yahvé; cuando comienzan los anuncios de la pasión (Mc 8,31) y Jesús deja claras las exigentes condiciones del seguimiento: negarse a sí mismo y tomar la Cruz (Mc 8,34-38). A partir de este momento, Jesús concentra su instrucción en el grupo de los doce, porque tampoco ellos entienden ni aceptan el camino del Mesías paciente, de la negación y de la Cruz. “desde entonces comenzó Jesús a manifestar que él debía ir a Jerusalem y sufrir mucho…, y ser flagelado, azotado, maltratado, morir y resucitar” (Mt 16,21; Mc 10,32).

Y algunos seguidores como los doce…, algunos discípulos, y las mujeres que le siguen…, estos tienen una importancia especial puesto que le siguen hasta el final: son los que están en el Calvario, durante la Crucifixión, aunque algunos a distancia, viendo estas cosas…, entre ellos están los “ciegos” curados que subraya la estrecha relación entre la fe y el seguimiento, entre el recobrar la vista y ponerse a caminar con Jesús.

La llamada es universal. El seguimiento es libre, pero implica ciertas condiciones irrenunciables:

“Si alguno quiere seguirme…”.

De hecho unos aceptan la llamada  y otros la rechazan. Pero si se acepta la llamada, se deben aceptar las condiciones del seguimiento…, y en la llamada hay diversidad de circunstancias, situaciones… pero, en todo caso, si quieren entrar en la dinámica del Reino de Dios, no hay otro camino que el seguimiento de Jesús. Seguimiento que siempre exige unas renuncias especiales: no es compatible con la riqueza y del sistema de valores al uso. Y es que el evangelio no hace distinción entre preceptos (que serían para todos) y consejos (que deberían ser para algunos), por eso en el pasaje del joven rico, Jesús  no se dirige a un cristiano para que se haga religioso, sino que se dirige a un judío para que se haga cristiano –otro Cristo-. El seguimiento es la exigencia básica y fundamental del todo el que pretenda vivir de Jesús, creer en Jesús, y es que no se puede ser cristiano sin seguir a Jesús. Y no se puede seguir a Jesús sin deshacerse de las riquezas y dárselas a los pobres. La salvación eterna ha sido la gran preocupación de muchos cristianos y de muchos religiosos. De no haber sido por esa preocupación, quién sabe qué hubiera sido de algunas vocaciones cristianas y religiosas. Por eso el que quiera entrar en la dinámica de un Reino que es gracia es mucho más exigente que la de un Reino que se conquista. El amor siempre ha sido mucho más exigente que la pura ley. Por eso, el que quiere entrar en el Reino o seguir a Jesús o ser cristiano, debe entrar en un nuevo sistema de valores y de prácticas. Debe hacer unas renuncias radicales e inaugurar un nuevo estilo de vida. Luego el pasaje de Mt 19,21, el joven lo entendió muy bien y se marchó triste, porque el seguimiento era demasiado exigente…, y Jesús no le rebajó las condicionesJesús fue coherente, así también los discípulos, los cristianos, los religiosos, todos debemos ser coherentes, porque el seguimiento es el núcleo de la espiritualidad cristiana. Ganar la vida eterna consiste en tener el Espíritu de Jesús y dejarse conducir por ese mismo Espíritu. La espiritualidad cristiana no es privilegio ni una exclusiva de unos pocos, sino para todos los que quieran seguir –vivir- a Jesús. La valoración de la espiritualidad de los laicos es uno de los mejores frutos del Concilio Vaticano II, y uno de los rasgos más característicos del actual momento de la Iglesia.