Buenos días mi amigo Jesús, hoy san Marcos (6,1-6), nos dice que te fuiste a Nazareth y te seguían sus discípulos. Y allí, el sábado con todos fuiste a la oración…, y no sé, pero te pusiste a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaban asombradas: y tus paisanos decían:
“¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa? ¿Y esos milagros? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María?...”
Y te sorprendió que los tuyos no te acogieran, incluso, te incapacitaron para que no hicieras milagros…, y me parece, y creo que estoy seguro, segurísimo que a tus paisanos los querías muchísimo, que con ellos habías compartido: vivencias, alegrías, juegos, y también penas, dolores, penurias, fatigas...
Pero, ¡Señor!, te miraron con los ojos de la cara, y así, también nosotros estamos acostumbrados a mirar…, y tus paisanos se escandalizaban, te despreciaban…, total el hijo de José el carpintero, y Tú, como un aprendiz…, el hijo de María de Nazareth. Y se negaron a aceptar tu “sabiduría”…, y se negaron a aceptar que Dios ayudara a su pueblo a través de tus manos callosas, rudas...
Ya ves amigo Jesús, a tus parientes, a tus paisanos los desconcertaste. Eras un “don nadie para ellos”. Aquellos con los que criaste en Nazareth no esperaban nada de ti, se negaron a admitir que en ti había un Misterio, ¡fíjate!: el Misterio del Verbo encarnado. Que te voy a contar, si a nosotros, a cada uno de nosotros nos pasa lo mismo. Hoy en nuestras iglesias, en nuestras Misas hay mucha gente buena, pero sólo tiene en ti unas “creencias”, “costumbres”... Y creen que no hay nada que esperar de ti, porque hay que seguir la tradición, las costumbres de vuestros pueblos, de las familias… Por eso no buscan. Se resignan. Pero peor aún, los que “creemos”, los que hemos tomado la decisión de amarte, seguirte, conocerte… vivir en y por Ti. Y me pregunto: ¿cómo nos acercamos a tu misterio? ¿Qué bueno y nuevo esperamos de tu seguimiento? ¿Cómo nos tomamos tus palabras? ¿Cómo seguimos tus pasos? ¿Con qué pasión te buscamos? ¿Cómo anunciamos el Evangelio?...
Creo que también nosotros nos estamos perdiendo mucho, pero mucho de ti, de tu vida, de tu palabra, de tu amor... tal vez nos conformamos con lo sabido..., vamos tirando. Y mirando mi propio corazón, confieso que a veces estoy confuso…, pero todos los días te busco…, porque ¡amigo! “te quiero”. No sé si acierto a buscarte como debo y donde debo, pero ahí voy, y procuro “enderezar todos los días el árbol de mi vida”. Y estoy abierto a las sorpresas que puedas darme. Pero es de mí de quien no tengo expectativas, dudas, y sinsabores…; de mí espero “poquito”. Me parece que no tengo remedio, que siempre seré igual, pero a pesar de todo, yo creo que tú me animas a reconocer mis límites, mis fallos, errores… y, al mismo tiempo, a creer y esperar lo que tu Espíritu es capaz de hacer conmigo. ¡Señor, te quiero mucho!
¡Amigo!, ayúdanos a acoger las sorpresas que vienen de ti, y de mí, y de las que vienen de los demás, aunque ya sabes que a veces de los demás nos llevamos cada desengaño, cada “palo”…
¿Te conocemos…, o más bien eres un desconocido…con qué ojos te miramos?
¡Aquí estoy, cuenta conmigo!
Bitácoras
