Y como cada día, mi saludo: Bom Dia Senhor, ou ¡Olá, bom Jesus!
Ya ves, de nuevo es domingo, tu día Señor, y el de todos, porque es el día de la Iglesia. Y todos de nuevo nos reunimos en torno a la Mesa de la Eucaristía. Y todos los domingos, Tú no pides “cita previa”, no hay que hacer “cola”…, es la Hora, Tú Hora, y nuestra Hora, y todos nos reunimos. Aquí vengo y aquí estás, y nunca fallas, más bien somos nosotros los que fallamos, tenemos tantas cosas, tantas historias…, pero es cierto que notamos que en cada fiesta, y en cada domingo la asistencia y participación de mis hermanos en la fe, va disminuyendo, y esto me preocupa, nos debe preocupar en la Iglesia, y ya sé que a Ti te preocupa mucho más, cada domingo pues cada día menos hermanos y hermanas para escuchar tu Palabra y gozar de tu Cuerpo y Sangre.
Que me alegra saber que caminas por los caminos por los que yo camino, y que sales al encuentro, y también sé que lo mío es estar atento a tu pasar. Hay que ver las cosas tan maravillosas que suceden en este pasaje evangélico, y suceden por esa Fe-conFianza que dos personas pusieron en ti. Una mujer sin nombre que embarca toda su vida en un gesto de confianza. Ella sabe que de ti sale el Amor y la fuerza que sana la vida. Y, ni siquiera se atreve a tocarte, ya estaba tan preocupada, desahuciada... que con silencio, suavidad se acercó y tocó la orla de tu manto.
¡Qué bueno: su fe en ti te “robó” la salud sin tu permiso! Y lo de Jairo son palabras mayores. Se atreve a creer, contra la evidencia que todos le confirman, que tú puedes arrancar a su querida hija de las garras de la muerte. Y te da su confianza total, y se da por entero. Y sabes que “la niña no está muerta, que está dormida…” y se reían, pero tú tendiste la mano y se puso en pie. Y se libró de miedos, e hizo el gran descubrimiento de que en ti el Padre que nos está invitando a vivir confiando y a morir confiando…, ves Señor, que bonito: vivir y morir confiando en ti. ¡Qué hermoso!
Y a tu lado la Vida, la Alegría, la Paz, la Felicidad…, serán compañeras de nuestro difícil vivir, y ya sabes que todo esto se vende, y mal vende, porque hay tanta inestabilidad, audacia, individualismo, egoísmo, rivalidad…, que a cualquier precio se vende, se compra…, hoy todo es un negocio, y negocios sucios e inmorales como el “aborto”, la “eutanasia”…, y el mundo de los odios, rencores, genocidios…, guerras, y esa guerra en Tierra Santa… ¡hay! mis hermanos de los Santos Lugares lo que están sufriendo.
Hoy solo puedo decirte una vez más “buen amigo”, gracias, y me sale del alma: Muito obrigado por seguir saliendo a mi encuentro, a nuestro encuentro. Aunque a veces siento tristeza, al ver que mucha gente, incluso las que están más cerca de nosotros, van debilitando su fe en ti, ¡en ti!, van poniendo su fe en no sé qué historietas, atados a no sé cuántos ritualismos farisaicos e hipocresías… metidos en todas las novedades de la “pseudomodernidad”, al final nos encontramos a muchos católicos que ponen su confianza en el rito bien hecho y no la vivencia y profundidad de tu persona viva en el Sacramento de la Palabra y de la Eucaristía.
Y eres tú, y sólo tú, el que sana, el que salva. Los ritos podrán ayudar, pero sólo tú eres el que da vida. Sigo con lo de la profunda tristeza. Veo a muchas personas que “se gastan todo lo que tienen” (energías, tiempo, dinero…) buscando salud, alegría, bienestar y, como la hemorroisa cada vez están peor. Sus vidas se siguen desangrando en la mediocridad, en los miedos, en la tristeza… Tienen tiempo para todo, pero no tienen tiempo para ti, para escucharte, para ponerse “frente a frente” contigo de quien sale la “fuerza” que sana la vida. Invitas a una fiesta y cada domingo en el misterio festivo de la Eucaristía, ¿cuántos…?, muchos se pierden tu Ágape, tu Vida…, el ser Iglesia. Y me llama la atención en personas católicas de toda la vida, que hoy son dadas a las muchas y caducas excusas...
Me parece que muchos son buena gente, pero, ¡qué pena! se mueren de sed junto a la fuente, esa “fuente” de vida que eres Tú, Señor. Y eso es muy triste y da que pensar. Te pido para mí y para mis hermanos, todas las criaturas, la revelación de saber que estás aquí, en silencio quizás, pero estás. Pido para que no necesitemos ver más milagros que el de tu amor de cada día. Pido para que hagamos el milagro de amar…, amar de verdad, eso que proclamaba San Francisco de Asís, “el amor no es amado”, y gritaba y suplicaba un “amor fraterno”, y hoy parece que ni llega, ni se le espera, porque andamos en otros asuntos. Pido para que lleguemos a saborear eso de que nos podemos encontrar contigo, porque tú Señor, tú siempre estás.
Así sea.
Bitácoras