San Marcos (3, 20-35), nos dice este domingo:
“… que cuando los familiares de Jesús supieron lo que hacía, fueron para llevárselo a la fuerza, porque se había vuelto loco… tiene dentro a Beelzebú, el jefe de los demonios…”.
Ya ves Señor que todos los que se consideraban que estaban en sus cabales…, todos, incluso tu familia te dicen que estás loco…; no sé qué decir, y no sé qué dices Tú.
Nosotros en el siglo XXI, también te decimos que estás “loco” porque no encajas en nuestros “esquemas religiosos”, “formato”…, porque cada uno tiene sus “ideas”…, familiares, sociales, políticas…, y no digamos el conglomerado de ideas religiosas que tenemos…, y según cada uno, la suya es la mejor, ahora está en alza, no sé cuántos modelos de atuendos litúrgicos, todos menos los del Vaticano II y un largo etc, porque sabe Señor, “…que cada uno nos hemos hecho un Jesús, un Cristo a nuestra medida, forma, modo y hechura…”, porque lo nuestro es lo normal, y lo tuyo Señor es de “escándalo”, que vamos muy bien, muy “derechos”…, y Tú, con tus palabritas evangélicas nos cambias el “paso”, el “pensamiento”… la VIDA.
Porque ¿cómo van las tinieblas a dar la bienvenida a la luz? ¿Cómo puede la mentira ver normal a la verdad? ¿Cómo puede el egoísmo aceptar el Amor? Por eso los que saben mucho de demonios y poco del Dios-Amor te llamaron “endemoniado” y te hicieron, y te hacemos “cruz y raya”.
Y yo Señor, de rodillas en el Sagrario me supongo que sabiendo lo que sabías de la vida y sabiendo lo que sabías de lo que el Padre quiere, desde el principio…, que te iban a rechazar, a condenar…, que el empeño no era fácil. Igualmente supongo que contaste con el enfrentamiento de los que viven bien, porque Tú sabes, que cuasi todos “vivimos bien”, bueno, con vivir a nuestro aire nos basta. Y que, para entrar en el Reino, tenían y tenemos que cambiar mucho…, que cambiar, mejor, todos tenemos que cambiar tanto…. Y a ellos, y mucho más a nosotros se les vio el plumero desde el principio. Y además eran los que podían condenar a muerte. Es cierto que no tenemos esas cualidades, tampoco no hacen falta, pero nos pasa lo mismo, si te condenamos con “mentirijillas, palabrejossss, pensamientos, acciones y omisiones…”, al final todos te llevamos a la muerte, te negamos, te vendemos, te traicionamos… y etc.
Qué bonita esa libertad y ese amor tuyo para hacer lo que el Padre quiere, aunque te complique la vida. ¡Qué grande eres, amigo mío! Me preocupa el que no me hayan dicho que estoy loco, también estoy un poco “loco”…, dejarlo todo por seguirte en la Vida Religiosa, en el Sacerdocio…, y a veces, con deseos de “tirar la toalla”... porque uno ve, y vive cada cosa…, que es para volverse loco…, pero tú en el Sagrario me dices: “calma”, “espera”… y ante ti Sacramentado te sigo diciendo: “… aquí estoy Señor, haz de mí lo que quieras”…, “…hazme oh Señor un instrumento de tu paz”. Y prefiero agarrarme a la “cuerda seráfica”, y decir el Poverello de Assisi: “Señor que quieres que haga…” ¿Es que no se me ha pegado tu bendita locura? ¿Es que “soy normal” en este mundo tan “anormal”, violento, soberbio, oscuro, envidioso…?
Señor, contágiame tu “locura”. Y lo de tu familia. Debió ser muy fuerte el que aquellos con los que habías vivido, con los que habías compartido el trabajo, la fiesta y la fe, ahora te encuentren tan distinto, tan otro Jesús, que te vean “fuera de tus cabales”. Bueno Tú sabes bien que “nadie es profeta en su tierra...”, nadie es profeta de verdad, entre los suyos. Me gusta mucho cómo aprovechaste aquel mal momento para abrir de par en par las puertas de tu vida a tantos que podíamos mirarte como un extraño. Los sagrados vínculos de la sangre no son los fundamentales, porque lo que nace de la carne es carne. Los vínculos que crea el Espíritu de Dios son infinitamente más fuertes, nos conectan más, nos hermanan más, y eso es lo que hace falta, la vida de fraternidad evangélica, así no me extraña que San Francisco de Asís “el Alter Christus”, estaba “loco” por tener hermanos y hermanas, y que todos fueran y vivieran en una Fraternidad. Tu madre y tus hermanos no son los que tienen tu misma sangre, son los que, contigo, hacen lo que el Padre quiere. Hacer lo que el Padre quiere es el criterio de nuestra comunión contigo.
Soy tu hermano, soy tu madre, si contigo vivo en ese empeño. Son tus hermanos muchos que, quizás sin creer conscientemente, van por la vida haciendo la voluntad de Dios. Y decir, ¿cómo no decirlo?: la comunión de María contigo es la más grande. Es tu Madre porque te llevó en su vientre. Y es tu Madre por que nadie, nadie como ella, se había hecho “discípula”, había ha hecho lo que Dios quiere.
Gracias Señor, pero, hazme un poco “loco” como Tú.
Bitácoras