¡Hola Señor!, hoy es domingo, pero Domingo del Corpus Christi, día popular, aunque la liturgia lo llama: Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Y todo lo comenzaste Tú, en aquel atardecer con los “doce” en el Cenáculo, aquel día memorable: Institución de la Eucaristía, del Sacerdocio y del amor fraterno.
Y con tanto amor en 1208, la Benedictina Juliana de Cornillon, animó a celebrar esta fiesta en honor de tu Cuerpo y Sangre. Y en 1246- se celebró esta fiesta en la diócesis de Lieja (Bélgica). Esta fiesta que surgió en la Edad Media, fue consecuencia del florecimiento del pensamiento eucarístico del siglo XIII. Unos años más tarde tuvo lugar el hecho milagroso de la Hostia consagrada que comenzó a sangrar ante las dudas de fe del sacerdote que celebraba la Eucaristía en la ciudad de Bolsena (Italia). Aunque hay que mencionar que años más tarde, ocurrió algo similar en la Misa milagrosa del Padre Cabañuelas en el Real Monasterio de Guadalupe (Extremadura), que bien recoge Francisco de Zurbarán en 1638, en el lienzo que cuelga en la bella Sacristía Guadalupense, “la Sixtina de Guadalupe”.
En 1264 el Papa Urbano IV a instituye la festividad del Corpus Christi. Estaba presente el gran teólogo sobre la Presencia de Cristo en la Eucaristía Santo Tomás de Aquino a quien el pontífice quiso premiar con el cardenalato por su gran servicio a la Iglesia. Pero el dominico le ofreció otro servicio: preparar los textos litúrgicos de dicha fiesta. Gracias a esa concesión tenemos esas obras poéticas rezumando la ciencia sublime del gran teólogo y el amor del gran santo, a quien la iconografía ha colocado la custodia en el pecho. Himnos de la calidad del Pange lingua, Lauda Sion, Panis angelicus o Adoro te devote...
En el siglo XIV tendremos acontecimientos que reforzarán dicha solemnidad, con dos actos fundamentales: la Eucaristía y la Procesión.
En el Concilio de Vienne del 1311, el papa que había trasladado la sede desde Roma a Avignon dio una serie de normas para el cortejo que acompañaría al Señor en la procesión dentro de los templos, indicando dónde irían las autoridades.
Años más tarde, Juan XXII introdujo la Octava del Corpus con Exposición del Santísimo Sacramento. Y será el primero de los Papas renacentistas, Nicolás V, el primero en establecer que la Hostia Santa saliera en procesión por las calles de Roma en la fiesta del Corpus del año 1447.
En los siglos posteriores fueron apareciendo esas obras de arte como las Custodias -vaso sagrado donde se coloca la Hostia- y los “carros triunfante” son obras maestras de la orfebrería religiosa, en las que el pueblo fiel le entrega al Señor lo que considera como más valioso: el oro, la plata, las piedras preciosas. La más famosa y valiosa es la que encargó el cardenal Cisneros al orfebre Enrique de Arfe y que éste elaboró entre los años 1517 y 1524. Tiene una planta hexagonal y se va elevando en columnitas primorosamente ejecutadas, con adornos de pedrería y figurillas de ángeles, santos, florones, campanitas y espigas. La parte central corresponde a la custodia y es de oro puro traído de América por Cristóbal Colón. Esta custodia ha salido en Toledo en la fiesta del Corpus desde el año 1595.
Y ante esta cantidad de datos y muchísimos más que recorren la vieja Europa, y a lo largo de los siglos, en América… en el orbe cristiano, de Custodias, Tronos… que es imposible de describir. Tanto y tan bueno hoy y por hoy todo el mundo cristiano, me pregunto: ¿Señor, te sientes cómodo entre tanto oro, plata, pedrerías…? Al final y con brevedad sólo debo decir: “Señor, tú te lo mereces todo, pero todo” Tú Señor te mereces nuestra vida y nuestra muerte. Te mereces nuestra fidelidad y nuestro amor total. Te mereces todo el oro del mundo. Pero insisto, ¿Te sientes cómodo ahí?
No sé, pero pienso que el pueblo fiel y sencillo así lo ha querido…, y pienso cuando he pasado la noche en la “Gruta” de Belén, y en la “Losa” del Santo Sepulcro. De Nazareth por Galilea; por Samaría ofreciendo “agua viva”; y por la “Vía Dolorosa” de Jerusalem, tirado por el suelo como un proscrito…; de Belén hasta la Cruz…, y decías que “no tenías dónde reclinar tu cabeza” (Mt 8,20-22), y nos pides ahora a tus discípulos y antes al Seráfico Padre San Francisco de Asís, que lo desposaste de tu “Santa Pobreza”. Que no descuidemos la “Dama Pobreza” que nos ahorra agobios y nos hace libres…, pero ya ves cómo andamos, cómo vivimos… ¡Señor no me dejes solo que me hundo en el fango de la suciedad de la vida…! Criticaste con dureza la acumulación de tesoros y nos invitas siempre a compartir, pero “amigo Jesús”, hoy tus seguidores, nosotros en nuestra vida fraterna ¿qué compartimos…, a quién amamos…, qué hacemos…, hay tantos soberbios…?
Creo que los adornos que te gustan son el amor y la justicia, la sencillez y la acogida. Me da que los otros adornos te huelen un poco a no sé qué... Qué fácilmente decimos que nos amaste hasta dar la vida, que tu muerte fue por nosotros. Tantos crucifijos que tenemos nos lo recuerdan permanentemente, pero cuánto nos cuesta entrar en tu mundo de sentimientos, de cercanía, de amistad… de fraternidad.
¡Cuántas misas vacías de amor y entrega! ¡Cuántas misas vacías de los motivos que te llevaron a entregarte! ¡Qué lejos estamos tus discípulos de ti que eres el Maestro!
¡Gracias por amarnos así y tanto!
Cuando nos dices: “tomad y comed” “tomad y bebed”…no nos das algo que te sobra. Tú eres el pan que nos das, en ese pan vienes todo tú, partido. Tu vida no te sobra. Es tu tesoro y nos lo das. Me parece que es ese amor y esa entrega la que tenemos que vivir, que es eso lo que tenemos que hacer en memoria tuya.
Recordando tu entrega, entregarnos; recordando tu amor, amar más; viéndote hecho pan, hacernos pan para que los demás vivan. Si el rito que hacemos no nos ayuda a esto, creo que lo estamos adulterando... Y te recibimos y te tragamos en la comunión. ¿Qué quieres alimentar en nosotros? ¿A quiénes tenemos que tragar cuando te tragamos? ¡Cuánto nos cuesta tragar a los que nos incomodan, a los antipáticos, a los miserables, ruinitos…! ¡Cuánto nos cuesta querernos y aceptarnos! Que no caigamos en la trampa de separarte de los demás, porque, ¿quién no viene contigo cuando tú te nos das?
En el evangelio de hoy hay una pregunta que me hurga muy adentro. Es la pregunta que te hacen los discípulos cuando les dices que uno que está comiendo contigo te va a entregar: ¿Acaso soy yo, Señor? Yo siempre tiendo a pensar que los malos, los equivocados son los otros. Hoy el evangelio me invita a ser valiente y a preguntarte: ¿Soy yo el que no te tomo en serio? ¿Soy yo el que se avergüenza de ti y no presumo de tu amistad? ¿Soy yo el que comulgo y luego no hago…? ¿Soy yo el que te amo en el sagrario y no te amo en los pobres? ¿Soy yo el que guardo rencores y distancias…? ¿Soy yo, Señor?
Ayúdanos a verte. Ayúdanos a ser coherentes. Aliméntanos, y ayúdanos a amar en serio como tú.
¡Gracias Señor!
Bitácoras
