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¡Hasta Dios!


07 Febrero 2023

Imagino que se escribirá así, aunque, tratándose de infantes, te lo puedes esperar todo. Lo oí en un programa de radio muy simpático, “Los niños y Gimeno”, en la Cope, en Cadena 100, que emiten a eso de las siete y cinco de la mañana. El locutor, que lo hace muy bien el muchacho, suele ir a algún colegio y les hace a los críos preguntas sobre temas más o menos serios. Y claro, los niños son niños y siempre te sorprenden. Bueno, pues uno de los días el periodista le hizo una de sus preguntas a una mengaja que se ve que tenía prisa y no quiso pararse a contestar, porque le espetó: “Ahora no puedo, que me voy a jugar. ¡Hasta Dios!”. Supongo que eso de “Hasta Dios” debe ser un mix entre “hasta luego” y “adiós”. La chiquilla posiblemente los juntó por homofonía y le salió ese maravilloso cóctel de “¡Hasta Dios!”, porque así lo pronunció esa presurosa criaturilla el 16 de enero de 2017, a las siete y seis minutos.

He estado investigando la cosa, porque no es honrado hablar sin fundamento, y resulta que se encuentran menciones parecidas desde hace más de catorce años. En Internet, me refiero, que tampoco es que sea un argumento de autoridad demasiado fiable. Pero haberlas, haylas: desde un horrible podcast piloto en Youtube, tan malo que no ha tenido más que 267 visualizaciones, hasta una canción rap en el mismo canal, que está mucho mejor que lo anterior, porque al menos le han puesto algo de cerebro y ritmo, aunque tampoco ha pasado de las mil visitas. Y ya, en el colmo de los colmos, resulta que puedes encargar una chapa-pin en diferentes colores, con tu foto y la frase “¡HASTA ADIÓS!!!”, en la siguiente web.

Ya me he ido otra vez por los cerros de Úbeda. Y literalmente, además, aunque esa historia te la contaré después del verano, calculo yo. Rebobinemos. La expresión “Hasta Dios” primero me chocó, por lo graciosa, y luego me hizo pensar. Entre bromas y veras, resulta que es la postrer despedida más exacta, rigurosa y cierta que existe. Ítem más, es lo mejor que le puedes desear a quien quieras, desde los más familiares y prójimos hasta los más desconocidos. Y, finalmente, es la fórmula más corta que he escuchado nunca para describir perfectamente el cielo y el futuro.

Creo que ya te he comentado alguna vez que, en mi pueblo, de pequeño, cuando la gente pasaba por la calle y saludaba, se le solía decir: "Vaya usted con Dios". A veces se abreviaba, y decían: “Con Dios, Fulanico”. Y a la inversa ocurría algo muy parecido: quien se marchaba, lo hacía con un rotundo “Quede usted con Dios”, que solía igualmente contraerse en un coloquial “Con Dios, Menganito”. Cosas de pueblo, pensarás. Y antiguas, además. Eres muy libre de hacerlo, pero no me negarás que lo más bello y profundo de esas formas de cortesía popular es que siempre se desea para el otro la compañía de Dios: vaya usted CON DIOS, quede usted CON DIOS. Con el moderno e infantil “HASTA DIOS”, pasa y ocurre igual. Se puede emplear en un entierro (yo lo he hecho), y es una verdad como un templo, una despedida bien certera y de pura fe cristiana. Si se lo deseas a propios y ajenos, en vez del manido “hasta luego” o del escuálido “adiós”, les estás auspiciando lo mejor que se le puede desear a cualquier persona sobre la faz de la tierra, y es que, como decían antes de las líneas paralelas, esperas que nos juntemos “en el infinito”, y esa es otra manera de nombrar a Dios, aunque, por respeto, si se refiere a Él usamos la inicial en mayúscula.

Y en lo que hace a la vida eterna, o al mañana del hombre y del universo, cuarto y mitad de lo mismo. Desde hace un tiempo, a quienes acaban de perder a un familiar o alguien muy querido, siempre les digo que donde nos juntamos es allí. Y eso de “allí” no es un lugar, sino un nombre propio. Como ya decía de joven Ratzinger, el cielo es como un circunloquio para hablar de Dios, porque —eso lo añado yo— Dios es donde nos juntamos con todos los que amamos. Y valga, por esta vez, la redundancia.