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Jesús, el Perdón descosido de clavos. Viernes santo


07 Abril 2023

El sol despereza la mañana fría y miedosa. La noche ha sido un sinvivir de idas y venidas, de huidas atrevidas y miradas furtivas. La turba como un mar en fuerte marejada alza la voz en olas de gritos: “¡Crucifícale!” . (Jn 18,1-19,42)

Pilatos dudó azuzado por el sueño de Prócula. Pero pragmático, desoyendo a su esposa, lo dejó caer en la mar crecida que clama y reclama justicia para ajusticiarle. Pilatos pide un lavamanos vergonzante y lo entrega huyendo hacia dentro de sí, tras conocer la verdad en los ojos marchitos de aquel hombre, que es el HOMBRE con todos los nombres de la historia.

Pintaron su nombre: ‘Jesús nazareno’, su causa ‘Rey de los Judíos’, y su pena en latín, griego y hebreo. Jesús ya irreconocible, abrazó aquel leño impuesto como náufrago de lo humano, proscrito de los suyos, abandonado de los íntimos… y empezó a subir, caminante eterno del sufrir humano, hacia su Padre. 

No puede más, le falta resuello y se detiene. Un soldado maldice y levanta el látigo y en ese momento una mujer, siempre una mujer, invade el cortejo armada con un mandil blanco y le enjuga su rostro bendito tintado de sangre de tinta escarlata… Fue un ¡ay!, un momento, un suspiro, un instante, bastó un segundo para tener toda la valentía de la compasión, la proximidad de la misericordia, el consuelo de la ternura… en un mandil, en un gesto, en una mujer… ‘’Bendita Verónica… bendito el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!” 

No le quitan la vida, es Él quien la entrega, el Hijo del Hombre sube a la cruz con dignidad,  con la cara lavada por las lágrimas dulces de aquella joven hebrea de mandil blanco, de manos aladas, de entrañas de misericordia. Jesús es alzado en la cruz buscando el rostro de su Padre y le dan una esponja empapada en vinagre y Él da perdón esponjado a un compañero de suertes desafortunadas.

Todo se rompe, el velo se rasga y Dios calla porque está llorando. Jesús porque está amando dice: “hoy estarás conmigo en el paraíso”. Hoy, que no mañana, ni ayer como Lázaro…

Hoy sube el Siervo, cargando los fardos humanos, sufridos, sufrientes; ofreciendo su vida, Varón de dolores, para que tengamos bienaventuranza, en el sin sentido, dolores dolidos, de una cruz de palo. Palo santo del árbol del Reino ganado por este Cordero, inocente, invicto y tan inmaculado que busca a su Madre a los pies del  madero para ver en Ella la fe que no falla, el amor que ama, aquella la esperanza que no se desmaya. Para ver en Ella la pureza nazarena de los pobres de espíritu, la bondad de los que perdonan, la dignidad de los hijos de un Dios que es Palabra y siembre, siempre cumple su palabra.

“Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo”…

Hoy, Viernes Santo, todos morimos con Jesús porque todos nacemos en Él, en este árbol de salud del perdón descosido de clavos.  Besemos la cruz de los crucificados como la Verónica, para que Jesús nos mire con esa mirada redentora que sana y perdona, que ama y nos salva: “Ahí tienes a tu madre”.

Fray Vidal Rodríguez López ofm