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Jesús, un Pan de amor blando y blanco. Jueves Santo


06 Abril 2023

Estábamos todos, los que estábamos siempre, con algunas mujeres, las que siempre estaban. Jesús cansado y callado: “habiendo llegado la hora de pasar de este mundo al Padre.” (Jn 13, 1-15)

Desde que entramos en Jerusalén el domingo, el Maestro está más silencioso que de costumbre. No explica ni nos explica qué va a pasar, ni qué tenemos que hacer… Pensábamos que con aquel jaleo empezaría el Reino del que hablaba tanto y del que entendíamos tan poco.  Jesús entró en la casa que nos hospedaba y la gente se fue marchando y nosotros desilusionando. No entendíamos nada: “habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo.”

La ciudad bullía de peregrinos y nosotros encerrados en casa, como abejas en una colmena caliente, que se templaba al calor de las preguntas sin respuesta, por la indecisión decidida por Jesús, por las propuestas inoportunas de Pedro, Santiago y Juan, apagadas por la mirada del Maestro… Nos pusimos a preparar la cena de Pascua en la sala superior. Judas compró lo necesario y las mujeres cocinaron según el ritual.

Se hizo de noche y Jesús inició diciendo: “Cuanto he deseado comer esta pascua…” y cuando todo estuvo listo y nos recostamos en los divanes para cenar, Jesús se levantó de un salto y dejando el manto, se ciñó una toalla y empezó otra vez a discutir con Pedro: “¿Tú a mí jamás?”

Jamás lo había hecho y jamás lo olvidaremos. Lo hizo de veras, nos lavó los pies con agua enjabonada de ternura, nos secó con toalla ceñida de compasión. Pedro quiso más y ganó un mandamiento: “Lavaos también los pies unos a otros”.

Nos lavó los pies, nos tronzó el pan y nos dio a beber de su copa: “haced esto en memoria mía”. Todo era Él y del todo se nos daba, cordero inocente sacrificado para dar amor y vida, sacerdote nuevo perdonando pecados de verduras amargas, caridad de pan sin levadura, vino bermejo y agua samaritana, siervo sufriente herido sanador del alma y sus heridas. 

Jesús es agua y luz, palabra y sal, pan y vino. Fuente cegadora para la sed de un mirar misericordioso. Silo colmado de trigo con que saciar el hambre del hombre de Dios. Lagar donde lavar los pies trashumantes de lo humano hacia la novedad del Reino. 

Jesús desde aquella cena es pan candeal de arañada corteza, miga llorada en el llanto de los pobres sin pan ni techo, sin casa ni trabajo, sin papeles ni abrazos, sin redes ni brotes verdes. 

Aquella noche Pedro no quería que Jesús le lavara los pies y aprendió llorando con lágrimas, al canto del gallo,  que sin perdón no hay fe que valga, porque sólo vale un servicio arrodillado ante la dignidad del prójimo. Que sólo una liturgia de jofaina y palangana, de agua y de toalla, legitima un sacerdocio que sirva y salve, que alabe y lave, que sufra y ame; porque el amor que no besa el pan antes de darlo, predica pero no da vida.

Esta tarde de Jueves Santo, dejémonos lavar pies, cabeza y manos, para comer este pan mullido y tierno, desmigajado, blando y blanco, para beber esta copa de amor y vino, salud y canto; acción de gracias que engendra Iglesia, con amor de ágape, caridad diaconal y comunión sinodal.

Esta noche de soledad y huertos, Jesús reza solo y solos rezamos. Todo está dicho y todo queda por hacer: “velad para no caer en tentación”. Que el pan blando de este Jueves Santo, nos dé fuerzas, porque mañana, viernes, será de cruz y de pan duro.

Fray Vidal Rodríguez López ofm