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Una cuaresma de elementos para una pascua elemental, cristiana


25 Marzo 2023

V domingo de Cuaresma.

Un domingo tras otro en la cuaresma, escapando peregrinos de la sed de aguas del desierto, nos llegamos a la montaña de tierra blanca y gloria pascual de Jesús. Al fuego del amor de una vida que hace aguas, nos bebimos vasos samaritanos del pozo de un hombre de aguas vivas. Lavamos al aire los ojos del barro para aprender a mirar la luz del Hijo del Hombre, enviado para encender luces de un mundo deslucido, sin pagar facturas imposibles de culpables posibles.

Hoy Jesús atiende una noticia y se entretiene en dar respuesta. Su amigo está enfermo y él se queda quieto. Su corazón se mueve, su alma se conmueve, pero él se detiene. Espera al acecho la hora de la gloria del cielo, de la gloria que no es suya, porque es del Padre, porque es de todos. (Jn 11, 3-7. 17. 20-27. 33-45)

Por el camino camina caminante. Jesús se va a Betania, y con él nos vamos. Llegaremos tarde, tentados por un desierto sin panes, subiendo montañas de palabras, mendigando agua a los pozos, bebiendo luz a raudales en las fuentes sin caudales… y llegamos tarde, para oír cuanto antes el desaire amargo: “Si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.”

Jesús llega tarde, los ojos le arden, el alma le duele, y una furtiva lágrima llora su mejilla. Esa lágrima, que es también tu lágrima, es la toma de tierra de Jesús con la hora de la misericordia del Padre. 

Jesús siente la tentación de pedir un milagro, pero la vence y sólo reza. Jesús quiere huir a la montaña a estar solo, pero entra en Betania por la plaza y las casas, por las voces y por los dolores. Jesús quiere pedir agua para que pase la emoción, pero se bebe el trago del reproche creyente de las hermanas. Jesús quisiera lavarse a manotazos las lágrimas de su rostro para que no se note que tiembla interiormente. Jesús sólo es abrazado por el desconsuelo de conocer lo que ya sabía, que era tarde: “Déjalo Maestro, ya son cuatro días, ya…”

Para todos, Jesús llega tarde, no para su Padre, el Dios que madruga y siempre llega antes. Porque para Jesús, el Amigo del amigo Lázaro no es tarde: “¿donde lo habéis enterrado?” Es hora de gloria: “quitad la piedra.” Es tiempo de gracia: “Lázaro, sal fuera.” Es ocasión de libertad “quitadle las vendas”….  Es gloria de hermanas, es gloria de amigos, es gloria de discípulos, es gloria de creyentes, es gloria de Dios, del Dios de las horas, ahora y en la hora de la muerte…

La cuaresma es sed de lágrimas en el desierto de soledades, tierra de sus huellas caminando milagros, fuego del agua del pozo de su vida de promesa y gozo, aire de la luz de la voz que anuncian la pascua y pregunta a Marta: “¿Crees esto?”

Jesús está en ascuas, en casa, en Betania, en las dos hermanas, en nuestra cuaresma, del agua y la tierra, el fuego y el aire; cuaresma de pascua.  Y la fe fraterna, dolida en María y menguante en Marta, se abrió aquella hora de luna creciente, al oír decir al Amigo del amigo Lázaro, con voz sollozante: “Yo soy la resurrección y la vida… ¿Crees esto?”

Celebramos para creer la cuaresma, creemos para celebrar la pascua. Y en esto estamos, en creer y celebrar, una cuaresma de elementos para vivir una pascua elemental, cristiana.

Fray Vidal Rodríguez López ofm