Una cuaresma de elementos para una cuaresma elemental. VI domingo de Cuaresma.
Se ha levantado aire en la desapacible tarde. Jesús se detiene. Una mota de polvo ha entrado en sus ojos, la culpa del aire… Se frota los ojos, parpadea y de nuevo se pone en camino. Da sólo dos pasos y se vuelve a parar. “¿Otra vez? ¿otra mota? ¿Será culpa del aire?”
Jesús se detiene al posar su mirada en un ciego, un hombre que sin mirada, nació ciego. Bartimeo, pidiendo limosna, vendiendo cupones… Es sábado, es tarde. “¿Quién tiene la culpa, sus padres, él mismo, el sábado, el aire?”
Jesús se detiene y el aire se para. Escupe en la tierra, con saliva y aire hace barro nuevo, emplasto que unta en los ojos pobres de aquel pobre ciego, del aquel Bartimeo (Jn, 9.6-9. 13-17. 34-38).
Jesús va y le envía, llevando el envío del empaste en sus ojos, a lavarlos a la fuente del enviado (Siloé). El ciego no ve el ridículo de sus ojos embadurnados de barro seco por el aire de la tarde. Pero él va, se lava la cara con agua sin jabón. Se seca al aire sin toalla y cuando los abre estrena mirada, ve por vez primera, y lloran sus ojos de luz y de gracias.
Mientras todos le dicen: “¿Tú no eras el ciego? ¿No pedías limosna? ¿Cuál era tu nombre? ¿No estamos en sábado? ¿Dónde están tus padres?” Él no sabe decir otra cosa que un tal, un fulano, le embarró los ojos, le envió a lavarse, se lavó y veía… Y ya no era el ciego, ni pedía limosna y buscaba al hombre que puso en sus ojos un bálsamo tibio, de barro y ternura, caricia de espíritu.
Él pura alegría, ellos le echan fuera. A él lo que le importa es que ahora ve y mira, y de tanto ver, vio al Hijo de Hombre, y sus ojos limpios creyeron en él, porque ya veía, sin barro ni culpa, sin mota ni gota, sin noche en los días.
Jesús, en la cuaresma, nos unta los ojos de misericordia… porque vamos como ciegos siempre con los ojos pegados de legañas… y él nos invita y envía a ir a prisa o a tientas, a gatas o a rastras hacia la fuente del agua y del aire. Agua para lavarse y aire para secarse. Agua para nacer y espíritu para creer.
Hacer cuaresma es lavar la muda gastada de la vida de la fe, sin más jabón que la compasión, sin más detergente que el perdón gratuito, sin más lejía que la misericordia… Porque la vida desgasta y cansa, a veces te harta. No busques culpables ni rebusques causas, deja que Jesús te embarre los ojos con sus dedos tersos de humanidad, con la saliva salada de su divinidad.
Deja que él te empuje, deja que te envíe, deja que te llame, deja que te lave con el agua tibia, deja que te seque con el aire tierno que cura a los ciegos, nacidos o hechos, como Bartimeo. Porque ya no vemos la mota en el ojo, el roto en el alma; porque no miramos al Hijo del Hombre, del aire del agua, de cuaresma y pascua.
Un aire de cuaresma para una cuaresma con aire… En fin, una cuaresma de elementos, para una cuaresma elemental.
Fray Vidal Rodríguez López ofm
Bitácoras