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Un fuego de cuaresma para una cuaresma de fuego


11 Marzo 2023

Una cuaresma de elementos para una cuaresma elemental. III domingo de Cuaresma.

En la hora sexta, en el medio día, en medio del fuego, la jornada a medias, y Jesús cansado, se sienta en un pozo, sin cuerda ni cubo, sin ganas ni fuerzas.

Los discípulos, desganados, fueron a comprar panes, pero él tiene sed. La sed en los labios y el sol en lo más alto. Sopor en lo más hondo y el fuego en el aire. No hay sombra ni nadie, comienza la tarde, la garganta arde (Jn 4, 5-42).

Cantando, a escondidas, “que no me vea nadie”, llega una mujer de color vestida, es samaritana, sin nombre de pila. No esperaba encontrarse a un hombre en el pozo, otro hombre a deshora. No sabe su nombre y aquel hombre pide: “Dame de beber”.

 La sed nos iguala, nos hace mendigos. Él siendo judío, ella samaritana. Ella tiene un cántaro, él es agua viva. Ella hace preguntas, él es la Palabra. Ella no tiene marido y ha tenido cinco. Él no tiene hambre, tuvo cinco panes, hoy está sediento. Ella quiere el agua que no da más sed: “Dame de esa agua”.  

Él no quiere un culto de engaños ocultos, él busca aquel agua del Dios de la vida. El agua que apaga los fuegos inicuos, el agua que enciende, la llama que prende espíritu y vida.  La verdad de un pozo es si tiene agua. La samaritana ya tiene verdades. Por primera vez un hombre, aquel hombre, la miró a los ojos y la amó con aquella verdad limpia que salva y libera.  

Con la sed de un hombre de limpia mirada, de dulces palabras, la aguadora, apagó su fuego del hambre de amores en pozos sin agua, cisternas rajadas… y olvidó su cántaro, mujer verdadera, ya con un nombre propio, por fin perdonada y por fin bien amada, la Samaritana.

La cuaresma es fuego que apagar con pozos profundos de agua dulce, fresca y clara. Dulce como la paz y el perdón. Fresca como la salud y el abrazo. Clara como la palabra y el encuentro. El pecado es fuego que nos consume sin dar calor, nos agota en rencillas estériles, nos envalentona en la mediocridad, nos lleva a la violencia sutil del poder.

La cuaresma es hacernos samaritanos, pedigüeños del agua que calme la sed que no tiene nombre, pero que nos agota haciendo la vida angosta  de espíritu, agostada de verdad.

La cuaresma es aprender a dar culto, dando vasos de agua, enjugando  lágrimas, secando sudores, lavando rodillas, bautizando el alma de samaritana pues todos tenemos el fuego encendido. El fuego que sólo Jesús, el Hijo del hombre que es agua de fuego, sabe perdonar: “Dame de beber”.

 Un fuego de cuaresma para una cuaresma con fuego… En fin, una cuaresma  de elementos, para una cuaresma elemental.

Fray Vidal Rodríguez López ofm