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"Y recen por los difuntos". Conmemoración de todos los fieles difuntos


01 noviembre 2022

San Francisco en la Regla pide a sus frailes:

“Y recen por los difuntos…” (Regla Bulada, cap. III, 4).

Rezar por todos los que murieron, por los seres queridos fallecidos, es mantener la unidad en el afecto, aproximar la distancia inmensa, cicatrizar el dolor perenne.

Rezar por los hermanos cristianos, es convocar una solidaridad fraterna con los que formamos un mismo pueblo, pues somos un mismo cuerpo, la Iglesia.

Rezar por los que rezan desde otras tradiciones religiosas es cruzar  puentes espirituales que nos acercan al Dios vivo y verdadero.

Rezar por los que no rezan, sea porque no quieran, sea porque no sepan; es arrodillare ante el misterio que toda persona, para escuchar el paso respetuoso de la gracia divina ofreciendo perdón y vida nueva.

Requiem aeternam dona eis Domine. Et luz perpetura luceat eis. Requiescant in pace. Amen.


Dales Señor el descanso eterno. Brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz. Amén

La oración es bálsamo gratuito porque es bienaventuranza que consuela y no narcótico que adormece. Tampoco es un mal trago de un ritual caduco de autoengaño. Rezar es confesar, anunciar y celebrar una esperanza verdadera porque Dios es verdad y todo en Dios es verdadero.

La plegaria de un simple crisantemo, la espiritualidad minúscula de una cerilla prendiendo una vela, la devoción al nombrar un nombre en una Misa, la compasión de un Padrenuestro rezado para dentro… son diminutos sacramentos de la vida, de la promesa de la vida de Dios, de la vida nueva, buena y eterna de la vida de todos los santos, nombre y vocación de todos los cristianos, “llamados para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor” (Ef 1,4)  

¡Qué quieren que les diga! Me confieso y confieso que prefiero el incienso de castañas en las calles a la farsa del ‘halloween’, me quedo con las estrellas de azúcar en un buñuelo de mi madre a todos los caramelos sin gluten y sin azúcar.

Sí, prefiero la compasión de un pañuelo enjugando una lágrima que un adiós tecnológico por ‘whatsapp’ almacenado en una nube que no sirve ni para llorar lluvias y ni versos. 

Loado seas mi Señor, por el sol del crisantemo, por el calor del cirio, por el olor de las castañas, por el mullido beso del buñuelo, por el roce piadoso de un pañuelo...

Loado seas, mi Señor, por poder rezarte un Padrenuestro

Loado seas mi Señor, por todos los santos y por todos los difuntos…

Loado seas mi Señor, porque para ti, Dios de vivos, todos somos santos.

Fray Vidal Rodríguez López ofm