Atiende, escucha, dime Fray: ¿Qué es la cuaresma? La cuaresma es un pentagrama para los sentidos.
Huele la cuaresma Fray: La cuaresma es aroma de torrijas enmeladas, perfumes de matalahúva oculta en los pestiños, nostalgia de espinacas ensabanando potajes de garbanzos, memorias de bacalao marino desalado en vísperas, tierno triunfo de espárragos trigueros en tortillas.
Pero esta cuaresma, más que a canela, huele a guerra. El ayuno tiene el olor de los heridos. La penitencia trae el agrio temor de los exiliados . La oración se eleva ahumada de bombas que no de inciensos. La limosna se desborda ante la hora doliente de quien lo ha perdido todo, incluso la esperanza… El perdón amarga en la boca del alma porque se hace harto difícil amar al enemigo y la tentación es armarnos del sutil bálsamo del odio.
A la cuaresma de hidrogeles, mascarillas y vacunas, se nos ha unido una cuarentena de jornadas de bombas, miedos, huidas… Una inesperada marcha verde de azul marchito y amarillo triste, de mujeres y niños, de ancianos y enfermos ha sido expulsada de su tierra, casa y patria… llevando en un hatillo cuatro cosas y el alma a cuestas a causa de tanto desalmado.
Y además la bolsa de la compra vuelve medio vacía por los precios desbocados. Los depósitos de los coches boquean famélicos de combustibles. Los ganaderos racionan el pienso en los pesebres, las gentes del campo campean olvidados y las del mar marean a la deriva. Los camioneros gastan en gasóleo el pan de sus casas. Los sueldos, si los hay, no llegan para llegar a fin de mes… y no llega ni la salud, ni la paz, ni el pan… ¿Quién pone fin a tanto desatino?
“Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo.» Al oírlo Jesús, dijo: «Esta enfermedad no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.» Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro.” (Jn 11, 3-5)
Oye Fray, la cuaresma es oler a Cristo llegando a nuestras cruces: Y tu Jesús de Nazaret, llegas tardando a casa de Lázaro, tu amigo. Llegas cuando ya huele mal, pues ya van cuatro días… Para Marta vienes tarde y ella corre: “Si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano” (Jn 11,20)… Tú hubieras querido estar en Betania y en el coronavirus y en la guerra… Para María llegas como lucero de la tarde y te grita de hinojos: “Señor, si hubieras estado aquí…” (Jn 11, 32). Y tú querías estar y te acercas y te allegas y es tarde… ¿Demasiado tarde para la salud, la paz, la vida? Tú estás en cruz.
El sentido de la cuaresma, es una cuaresma de sentidos: Es oler la presencia de Jesús que se barrunta caminando en los prófugos, que llega herido en las víctimas, que aparece desnudo en los desvestidos, que se ahoga en pateras, que se hace huérfano en los soldados, que se hace tantas preguntas: “¿Dónde lo habéis puesto?» Le responden: «Señor, ven y lo verás.» Jesús se echó a llorar. Los judíos entonces decían: «Mirad cómo le quería.»” (Jn 11, 34-36)
Jesús nos quiere y llega y nos hace oler la vida nueva. Vida ganada a base de derrotas e incienso, perfumada de lágrimas y nardos, asegurada por clavos y besos, cantada por gallos y sermones, sahumada de perdón y de canela, fragante de salud y sacramentos, aromada de paz crucificada, de un amor divino que siempre a gloria.
Fray Vidal Rodríguez López
Bitácoras