Llegó un viernes y se quedó para siempre
Un 7 de marzo de 2014 la preciosa imagen de Jesús de Medinaceli era bendecida con la solemnidad merecida para el evento. Eran los comienzos de una devoción consolidada grandemente en la parroquia y me atrevería a decir que, hoy día, también en todo Alcorcón. El pasado viernes, primer viernes de marzo, hacíamos memoria de una época, de una vida, de los cincuenta años de la Parroquia de San Pedro Bautista, echando atrás la mirada en una cita concelebrada con alegre nostalgia. Monseñor Fray Jesús Sanz Montes, franciscano que fue también de esta casa, llevó a cabo lo que podríamos considerar el pistoletazo de salida para estas Bodas de Oro con una Eucaristía, sencillamente impecable, cálida, poética a más no poder, con un silencio gigante que mantenía en expresión de pausa los rostros de todos, rostros nuevos y de entonces, sacando del cofre de lo nuevo y de lo antiguo: una mirada, una imagen, un recuerdo agradecido. Con una emoción contenida la Coral Polifónica de Alcorcón sostuvo la fe de los presentes, vibrando, llenando los ojos y las almas.
En el calor de la Cena, allí el corazón ardía, mientras fuera en la calle la intemperie lo cubría todo con su rutina lluviosa, plomiza. Cuaresma no es sacrificio, cuaresma no es morir sino gloria, pues este Dios-con-nosotros, nos lleva de la mano y va el primero; y siendo Rey, es Pastor porque nos llama hermanos siendo a la vez nuestro Dios.
La Eucaristía de Pan repartido pasó a ser expuesto en adoración, con una hora santa bien reposada, sencilla, franciscana. Terminadas las completas, cogemos aire, desperezamos el cuerpo y sintetizamos la vida. Entonces nos damos cuenta que ayuno, abstinencia, limosna, oración nos dan la clave un año más para seguir a Cristo, por otros cincuenta, y cien más y los que Dios quiera.
Fray Rubén Moreno Camuñas, Ofm
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