De Francisco a Francisco, dos hombres al servicio de la humanidad
El Ministro General de la Orden de Frailes Menores, Fray Massimo Fusarelli reflexiona sobre el Pontífice fallecido y sobre el Pobre de Asís, dos hombres distantes ochocientos años el uno del otro y unidos “de la sorpresa de un nombre y sobre todo por un camino que se ha abierto ante ellos, inesperado y único”.
EL DESTINO DE UN NOMBRE
El hijo de Pedro de Bernardone había sido llamado Juan pero no conservará este nombre. El padre decide diversamente, se lo cambia y así, para siempre permanece y permanecerá para todos nosotros como Francisco de Asís. Este no había sido nunca el nombre de un obispo de Roma, de un Papa de la Iglesia Católica. Y sin embargo, ha sucedido. Dos hombres distantes ochocientos años el uno del otro, unidos por la sorpresa y sobre todo por un camino que se ha abierto ante ellos, inesperado y único. Francisco de Asís quedará siempre ligado con un hilo al origen de su nombre, en la Provenza que el padre amaba porque allí había abierto caminos nuevos, no sólo para el comercio. Jorge Mario Bergoglio, probablemente en el guiño de un momento lleno de futuro, ha escuchado aquel nombre, no solo como un destino, sino como una puerta abierta del camino a recorrer. No se toma el nombre de Francisco de Asís a la ligera. Es toda una tarea. ¿Quién podrá igualarlo? En efecto el Francisco del siglo XXI no ha querido ser la copia de aquel del siglo XIII. Se ha inspirado, ha acogido algunos elementos y ha intentado interpretarlos desde la posición única a la que había sido llamado a vivir: Roma y el mundo, la Iglesia católica y tantos hombres y mujeres de buena voluntad, de todo color, lengua y pueblo.
HUELLAS A PROSEGUIR
Si después de ochocientos años no es todavía fácil delinear el rostro completo y auténtico de fray Francisco, imaginemos cuanto sea imposible hacerlo del Papa Francisco a pocos días de su muerte. Como intentar buscar los similitudes entre ambos… Las búsquedas e intuiciones de Francisco le han abierto a él, a tantos y tantas después de él, caminos inéditos de futuro y continúan a hacerlo. Lo mismo podemos decir del Papa Francisco, el cual nos deja, junto a su vida y su enseñanza, caminos abiertos como una vías a proseguir, no para copiarlas sino para interpretarlas y dejar que genere intuiciones, pasos y opciones nuevas.
Creo que la primera intuición que Papa Francisco ha dado a los franciscanos y franciscanas del mundo sea aquella de no pensar su carisma como algo fijo, algo a repetir o conservar, sino como una realidad viva y dinámica que toma nuevamente vida y luz en contacto con la historia, con la realidad, con las llamadas de cada tiempo. El Papa Francisco nos ha vuelto a poner en camino, nos ha empujado a no detenernos en una relectura que tiene el riesgo de ser siempre arqueológica, romántica o demasiado indeterminada. El Obispo de Roma, Francisco, nos ha confrontado con el ideal del hermano Francisco y lo concreto de sus opciones. Encuentros, rostros, manos por estrechar, cuerpos antes los que inclinarse y situaciones antes los cuales no huir: la realidad concreta propia de la encarnación, que para san Francisco era el centro de su vida de fe, nos ha sido restituida por el Papa Francisco.
UN ÁRBOL BAJO EL QUE ENCONTRAR SOMBRA
Ciertamente desde el inicio nos ha parecido extraño que un jesuita, que además Papa, asumiese el nombre del ‘Poverello’, Pero fray Francisco y su carisma no son ciertamente una propiedad exclusiva de los franciscanos y de las franciscanas. La semilla de Evangelio y de humanidad que el hermano Francisco ha sembrado en los surcos de su tiempo y de tantos otros tiempos después de él ha llegado a ser, como dice el Evangelio, un árbol bajo cuya copa todos pueden refugiarse y alcanzar sombra. Este carisma es un carisma abierto, respira y toma vigor en latitudes, culturas y lenguas diversas. Va más allá de los limites visibles de la Iglesia católica. Imaginemos por tanto cuanto podía ser escuchado y expresado por Jorque Mario Bergoglio. El nos ha mostrado que el carisma de Francisco se vive simplemente viviéndolo, dejándose tocar e implicar. Junto al pensar es necesario vivir, caminar, atreverse. Quizás Papa Francisco no conocía de memoria todos los escritos y los complejos estudios del franciscanismo, pero ha tenido una intuición en el corazón que ha integrado con la formación ignaciana. Al centro está Jesús y el Evangelio, la carne de Cristo que es el hombre, y en particular los pobres. Todo esto vivido en la Iglesia y para la humanidad de hoy, demasiado a menudo en vías de fuga, de violencia de guerra.
INSPIRADOS DE LOS DOS FRANCISCO
Papa Francisco nos ha recordado a los franciscanos estos elementos esenciales de nuestra espiritualidad. No los ha agotado ni interpretado de modo completo, exhaustivo para todos. Ha abierto camino, ha seguido una intuición, gracias a la cual ha escuchado profundamente nuestro tiempo y ha acogido su espíritu. Por esto san Francisco, el hombre de la fraternidad, de la paz y de la buena creación de Dios, ha hablado en seguida a su corazón y le ha permitido sintonizar con este mundo complejo y también bendito. Confieso que nos ha costado seguirle, también a nosotros franciscanos. Nos ha vuelto a proponer algunos elementos de fray Francisco de un modo inmediato o quizás a veces percibido como áspero. Pero precisamente por esto nos ha tocado. Creo que ahora se abre un tiempo nuevo, En el cual recoger esta experiencia, releer este don y no cansarnos de volver al camino, a menudo polvoriento de nuestro tiempo y de la humanidad que lo habita. Gracias a los dos Franciscos y a cuantos aceptan todavía seguir con disposición inmediata las inspiración del primero, y con audacia la concreta sabiduría del segundo.
Fray Massimo Fusarelli. Ministro General OFM
L’Osservatore Romano, 3 maggio 2025, p. 7.
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